Opinión

Published on abril 21st, 2016 | by EcoPolítica

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El sueño de la razón necesita al feminismo

Por Javier Zamora García [1]

Hace unos días, la prensa se hizo eco de una polémica alrededor de unas declaraciones un tanto misóginas y clasistas dirigidas por el señor Félix de Azúa a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Días más tarde,  el diario El País, en su conservadora y rancia línea de los últimos tiempos, deja para nosotros un tremendo artículo de opinión del mismo señor de Azúa con consecuencias similares.  En este artículo, a propósito de la crítica feminista al lenguaje,  compara el señor de Azúa al español medio actual con el clásico grabado de Goya “El sueño de la razón produce monstruos”.

No hay nada peor que cuando un individuo o grupo social utilizan la cultura como último reducto para defender sus privilegios.  Esos usos de la cultura –   reservados para unos pocos, como siempre – no hacen sino alejarla de su valor emancipador y transformador y convertirla en un revestimiento elegante para el opinar trasnochado.

Un poco trasnochada también está la oposición entre Ilustración y feminismo, cabría decirle al señor de Azúa.  Ilustraciones ha habido unas cuantas, pero  hay pocos textos que trasluzcan  mejor el coraje crítico y los valores igualitarios de la Ilustración como la “Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft o la “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” de Olympe de Gouges. Frente a aquellos que preferían restringir el alcance del sueño igualitario, fueron ellas quienes arremetieron contra prejuicios cargados de historia como la inferioridad de la mujer, y su quehacer pionero ha sido ejemplo durante años para muchas otras luchas de extensión de derechos, como fue el Movimiento por los Derechos Civiles o lucha por el bienestar animal.

De hecho,  si la Ilustración dejó muchas herencias, una de sus mejores descendencias está en el feminismo. Mucho tiene que ver el famoso “Atrévete a pensar” del célebre texto de Kant “¿Qué es la ilustración?” con el paso de los primeros feminismos – más centrados en la igualdad formal – a la crítica profunda del patriarcado que realiza el pensamiento feminista desde Simone de Beauvoir. Y a partir de esa crítica, pocas actualizaciones más lúcidas del  “Sapere aude” ha habido que la que realiza la autora feminista Judith Butler en su texto ¿Qué es la crítica?”, inspirada a su vez en el trabajo que realizó uno de los autores que más han contribuido al desarrollo del feminismo, Michel Foucault, otro magnífico representante de lo mejor que nos legó la Ilustración.

Podría decirse, de hecho, que si el atrévete pensar ilustrado sigue teniendo hoy significado, ese significado se escribe en gran medida en clave feminista. Así, es tarea primordial para la ética y el pensamiento contemporáneos reflexionar  sobre  los temas que el feminismo coloca sobre la agenda: la violencia ejercida desde el lenguaje (Presidenta nos suena mal,  pero no tanto sirvienta);  el reparto del trabajo de cuidados (¿quién sostiene las vidas que se realizan? ¿Cuánto vale ese trabajo para el mercado?); las enormes cargas de violencia simbólica ejercida sobre nuestros cuerpos, objetualizados y estandarizados por la publicidad y los medios de comunicación…

Es cierto que, puestos a hablar de la razón ilustrada, no todas las soluciones a los problemas humanos encuentran (o han encontrado) su solución en ella. La razón vigilante, la más perfecta y fría racionalidad, también puede conducir a Auschwitz, como demostraron los autores de la Escuela de Frankfurt y otras pensadoras como Hannah Arendt. Sin embargo, son precisamente los aportes del feminismo – entre otros – quienes nos enseñan hoy en día cómo evitar en el futuro esos mismos errores, que tanto tienen que ver con una concepción de la razón descarnada y mutilada de todo rastro de compasión y de empatía. En ese sentido, es ese trabajo de reconciliación entre razón y corazón, entre pensamiento y afecto, el que realizaron en el pasado mujeres feministas como Petra Kelly o en la actualidad filósofas de la talla de Celia Amorós y Alicia Puleo. Así, es precisamente “pensando con el corazón”, como proponía Petra Kelly, como mejor adaptamos  la herencia ilustrada a los retos de nuestro tiempo.  El colapso natural de nuestros ecosistemas, la irracionalidad del sistema de producción y consumo actual, las diferentes formas de opresión que  arrastramos desde el pasado… Son todos problemas contemporáneos que no  requieren tan solo una razón crítica y arrojada, sino una nueva comprensión de la afectividad que nos impulse a  vivir de forma más respetuosa con los demás y con nosotros mismos.

A modo de conclusión, comparto con el señor Azúa la importancia de reivindicar en los tiempos que corren la idea de que el sueño de la razón produce monstruos.  Monstruos conservadores que se aferran a las tradiciones, a viejos estereotipos culturales y a privilegios que parecen hoy en día zozobrar ante el despertar de un mundo más justo. Hay unos cuantos de esos monstruos levantando fronteras alrededor de Europa, y avivando al fantasma del fascismo en nuestros territorios.  Pero es también peligroso el sueño de la razón que produce declaraciones trasnochadas como las del señor Azúa, en las que la propia razón ya solo sirve para la autocomplaciencia, quedando como imagen de lo que fue, desconectada de la realidad que habitamos.

Notas

[1] Javier Zamora García es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Acaba de finalizar el Máster en Pensamiento Social y Político en la Universidad de Sussex. Es coordinador del Grupo de Lectura “Cornelius Castoriadis” y co-coordinador del Área de Cultura Ecológica de EcoPolítica.

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