Cultura Ecológica

Published on septiembre 30th, 2014 | by EcoPolítica

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Política y vida cotidiana. La necesidad de una doble transición

Por Luis Esteban Rubio [1]

A las y los compañeros de Ganemos Salamanca,

I. Transición política ¿suficiente?

En una situación de crisis democrática, económica, social, ecológica y ética como la actual, un nuevo modelo de convivencia y una nueva forma de vida han de construirse, no sólo para salir de dichas crisis, sino también para evitar que las mismas se vuelvan a producir en el futuro. Ante la gravedad presente ¿la victoria y reforma de las instituciones es suficiente para afrontar sustancialmente los retos existentes? La concentración de capital en muy pocas manos (con consecuencias negativas para la actuación política) y los retos ecológicos, entre otros muchos motivos, parecen demandar una actuación que vaya también más allá de las instituciones para respetar la naturaleza y arrebatar el poder económico a los corruptores, a los desahuciadores, a los maltratadores, etc. devolviéndolo a la ciudadanía (reduciendo así la extrema desigualdad económica existente).

  • ¿De qué sirve que luchemos contra la corrupción si luego vamos a comprar al Mercadona? (Juan Roig, presidente de Mercadona, aparece en los papeles de Bárcenas como “donante” del Partido Popular)
  • ¿De qué sirve que luchemos contra los desahucios si seguimos manteniendo nuestras cuentas en Bankia, La Caixa o el Santander? (auténticos lobbys que han presionado para impedir la aprobación de legislación antidesahucios en situaciones de extrema necesidad)
  • ¿De qué sirve que aboguemos por el fin de la explotación laboral si luego compramos en Zara, Mango y El Corte Inglés? (poseedores de fábricas textiles en países del sudeste asiático en regímenes de semi-esclavitud)
  • ¿De qué sirve prohibir el toro de la Vega si vamos todas las semanas al MacDonald’s o al Burger King? (ambas poseen un sistema de “producción animal” terriblemente cruel)
  • ¿De qué sirve anunciar que la tierra no aguanta más, que utilizamos tres Españas con nuestro ritmo de producción y consumo, si luego hacemos turismo comercial y compramos compulsivamente?
  • ¿De qué sirve criticar a las grandes corporaciones por corromper gobiernos en países en desarrollo si cambiamos de móvil cada año? (el coltán, material necesario para los móviles, tiene el 80% de sus reservas en la Rep. Dem. del Congo – país en guerra y conflicto por los recursos desde hace décadas)
  • ¿De qué sirve que defendamos la construcción de espacios verdes y critiquemos la dictadura del automóvil si luego no reciclamos y cogemos el coche hasta para ir al gimnasio?

Como se observa, además de políticas participativas, sociales y ecológicas es necesaria una cultura participativa, social y ecológica si queremos llevar a cabo una reforma profunda de la sociedad. La cultura, el estilo de vida, ha de plantar las semillas para que la política pueda favorecer su crecimiento, pero sin semillas ¿qué crecimiento se puede favorecer? Por ejemplo, en el ámbito municipal, ¿de qué serviría que el Ayuntamiento, una vez ganado, fomentara la movilidad sostenible (bicis, buses, etc.) si sigue dominando una cultura de coger el coche para ir a la vuelta de la esquina?, ¿de qué serviría que el Ayuntamiento favoreciera los productos y comercio local para reactivar la economía si sigue prevaleciendo la cultura de comprar productos y prendas más baratos sin importar bajo qué condiciones hayan sido elaborados? La transición política y la transición de la vida cotidiana van de la mano si queremos que la transición política produzca un cambio real en la sociedad. Ambas transiciones son lentas y difíciles, pero necesarias. Defiendo la transición y no la revolución porque cada cambio político, así como cada cambio de estilo de vida, tiene su propio ritmo, sus propios tiempos, sus propias posibilidades (ya sean de recursos, de capacidad, etc.) para progresar en un camino pacífico y no violento.

II. Transición de la vida cotidiana

Para entender mejor esta diferencia entre transición y revolución quiero poner un ejemplo personal de mi vida cotidiana. Además me viene como anillo al dedo que el día de la I Asamblea Ciudadana de Ganemos Salamanca, el pasado domingo 28 de septiembre, algunas personas, tomando las cañas de después, me comentaran el hecho de defender este discurso con unas zapatillas Adidas puestas y una camisa de Pull & Bear (empresa perteneciente a Inditex – Zara). Como me parecen cuestiones justas y que podrían ser realizadas por ese público general al que queremos dirigirnos, contesté encantado a las mismas. Transmito aquí públicamente la respuesta con el objetivo de expresar con ejemplos claros a lo que me refiero con transición de la vida cotidiana:

  • Las zapatillas tienen más de dos años y estoy alargando su vida todo lo posible ya que: (a) no encuentro la necesidad de cambiar un producto que no esté roto o se vea ya muy mal; (b) no voy a consumir por consumir, este material ya ha sido obtenido de la naturaleza y confeccionado por el ser humano y sus máquinas; (c) no veo la necesidad de cambiar de prenda por cuestiones de moda [2]; (d) esto me permite ahorrar un poco para, la próxima vez, comprar calzado social y ecológicamente justo.
  • La camisa, heredada de mi hermano, tiene más de cuatro años y estoy alargando su vida todo lo posible por, exactamente, las mismas razones que en el caso de las zapatillas.

Esto es a lo que aludo en la práctica con transición frente a revolución: una vez adquirido un determinado grado de conciencia, no tienes que llegar a tu casa y tirar toda la ropa que tengas, ni tirar toda la comida del frigorífico y la despensa, etc. sino que ese cambio es progresivo. Igualmente, considero que existen dos elementos principales que impiden realizar una revolución en la vida cotidiana, en lugar de una transición:

  • La mayoría de personas no tienen dinero suficiente para hacer todo ese cambio de un día para otro, es decir, conozco poca gente que se pudiera permitir tirar todo su armario y al día siguiente tenerlo repleto de ropa social y ecológicamente justa.
  • Pero, principalmente, no creo que sea corporal y mentalmente muy sano cambiar radicalmente tu estilo de vida de un día para otro. Es decir, el cuerpo y la mente, al igual que la política, tienen sus propios ritmos, y cambios tan profundos requieren de transiciones, no de revoluciones, para acostumbrarse y llevarse a cabo adecuadamente.

Es por ello que la transición puede durar varios años, dependerá de cada persona y de sus posibilidades. En mi caso, y en el de bastantes personas de mi entorno que también están haciendo este camino (en grupo se hacen mejor este tipo de cambios), la transición se está produciendo más o menos con alrededor de una meta principal por año, intentando también avanzar poco a poco, y de manera complementaria, en las restantes. La línea de metas que más frecuentemente he observado en personas que van ya más avanzadas en el camino es la siguiente:

1º  Transporte
2º  Alimentación
3º  Ropa
4º  Compañía eléctrica
5º  Banco
6º  Productos varios del hogar

Siguiendo esta línea, por ejemplo, en el primer año uno se puede proponer cambiar el estilo de vida respecto al transporte (coger el coche el menor número de veces posible y usar transporte público, bicicleta o andar); en el siguiente, la alimentación (productos ecológicos, reducción consumo carne, vegetarianismo, grupo de consumo, huerto urbano, etc.); el tercero, la vestimenta; el cuarto, cambio de compañía eléctrica por una cuyo suministro proceda de fuentes renovables; el quinto, cambio de banco, etc…Como señalaba aquella gran proclama del 15M: “vamos despacio, porque vamos lejos”. Pero sin embargo, creo que no vamos tan despacio, ya que en el espacio de una década un gran número de personas podría haber cambiado radicalmente su estilo de vida: dejando atrás el estilo de vida capitalista y formando parte de una cultura participativa, social y ecológica.

No obstante, se ha de indicar que siempre habrá incoherencias, aunque muchas menos, ya que es casi imposible ser 100% coherente dentro de la actual estructura capitalista. Es en este punto donde la vida cotidiana necesita de las instituciones para (a) modificar dicha estructura y para (b) favorecer las nuevas formas de vida y hacer más fácil la transición.

III. “Ganemos” ¿una oportunidad?

En estos momentos, la transición política se encuentra en el conjunto de “Ganemos” que están surgiendo a lo largo y ancho de la península ibérica: política municipal desde abajo hecha por y para ciudadanos reunidos en Asambleas abiertas que elaboran entre todos una candidatura y un programa a favor de una democracia participativa, social y ecológica.

Sin embargo, ¿dónde se está proponiendo la transición de la vida cotidiana como complemento necesario a la transición política? Si sólo aspiramos a actuar en el ámbito institucional, lo máximo a lo que podremos llegar es a una democracia formal (no material) y a humanizar un poco el capitalismo; sin embargo, no estaremos realizando un cambio profundo de sociedad. La historia nos da una importante lección en este sentido: ¿quién intentó humanizar el capitalismo durante la segunda mitad del siglo XX? La socialdemocracia. Sesenta años más tarde: (a) la socialdemocracia se encuentra engullida completamente por el capitalismo, tanto en el plano del pensamiento como en el de la política; (b) el capitalismo está perdiendo a ritmos forzados la humanización que le dio la socialdemocracia (que si por una parte fue relevante en el mundo occidental, por otra, fue inexistente en los países en desarrollo).

Por todo lo anterior considero que los diferentes Ganemos que están surgiendo en la península ibérica deben ir más allá: no deben ser únicamente candidaturas ciudadanas que pretendan ganar un Ayuntamiento, sino que han de ser también movimientos ciudadanos que entiendan y fomenten la necesaria unión entre política y vida cotidiana, entre política y cultura, para llevar a cabo un cambio profundo en la sociedad que mejore sustancialmente la vida de las personas. No obstante, considero que dicho mensaje es, por el momento, extremadamente difícil de “vender” y de “comprar” en el “mercado electoral”, por lo que no sería muy recomendable que estuviera presente en la comunicación de Ganemos Salamanca y en la estrategia electoral del movimiento con la vista puesta en las municipales. “Presente y orgulloso pero poco hablador” sería posiblemente el lugar de este mensaje en la carrera electoral que se presenta por delante.

Por último, quiero dejar anotada mi consideración de las Asambleas como espacios de carácter no solo meramente organizativo, sino también pedagógico y formativo. El crecimiento y realización personal en las asambleas creo que es igual de importante que la organización.

 ¡Además de ciudadanos responsables, seamos consumidores responsables!

¡Sé el cambio que quieres ver en el mundo!

Notas

[0] La imagen que ilustra el presente artículo ha sido realizada por La Crónica de Salamanca. Su utilización no tiene ningún propósito comercial. Enlace Imagen La Crónica de Salamanca.
[1] Luis Esteban Rubio es coordinador de EcoPolítica y doctorando en Derecho por la Universidad Carlos III de Madrid.
[2] Para conocer cómo funciona el negocio de la moda recomiendo el manual fundacional de las relaciones públicas: “Propaganda” por Edward Bernays. Este cortito manual es algo así como una adaptación del “Príncipe” de Maquiavelo llevado al ámbito económico y electoral a principios del siglo XX, es decir, explica a las élites cómo hacer que las “masas” consuman sus productos, ya sean ellos productos comerciales o electorales. Cada persona, diluida en la masa, es tratada aquí como mero medio y no, a su vez, como fin en sí mismo.

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One Response to Política y vida cotidiana. La necesidad de una doble transición

  1. Diógenes says:

    El perfeccionismo de este escrito adolece de capacidad irradiación, ¡por belcebú Errejón!, o sea, nula incidencia en la mayoria de posibles votantes que debieran estar interesados en lo que en el se describe y propone: Prédica en el desierto y esterilidad propositiva..

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