Historia

Published on julio 8th, 2008 | by EcoPolítica

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Historia del movimiento ecologista y verde (Parte I): Génesis y toma de conciencia

Por Florent Marcellesi

Ubicamos con frecuencia el nacimiento del movimiento ecologista en los anõs 1960-1970. Sin embargo, hace falta volver un poco más atrás en el pasado para entender los cambios paulatinos de mentalidad, así como los movimientos y estructuras correspondientes, que estuvieron en el origen de la Ecología política.

Un primer enfoque conservacionista

El concepto de protección de la naturaleza nace en la segunda mitad del siglo XIX, aunque hacía referencia sobre todo a valores estéticos. No es de extrañar que las primeras huellas del ecologismo se puedan encontrar en Inglaterra, donde la explotación abusiva de la naturaleza por la incipiente industrialización crearon  un espacio favorable al desarrollo de las ciencias naturales. Aparecen entonces organizaciones potentes de protección de las aves y poco a poco van consolidando un movimiento internacional para la conservación de la flora y fauna. Aunque la primera guerra mundial interrumpirá esta dinámica, en 1914 se instaura en Suiza el primer parque nacional de Europa.

La segunda guerra mundial transforma los valores y actitudes hacia las relaciones internacionales, que a su vez modifican profundamente las orientaciones para la protección del medio ambiente. El 5 de octubre de 1948, tras 50 años de lucha, se crea la Unión Internacional por la Protección de la Naturaleza (UIPN). 15 años más tarde se funda el WWF a partir de la UIPN, en un principio para financiarla aunque seguirá rápidamente sus propias metas. Con el Plan Marshall, el fin de la segunda guerra mundial marca también un esfuerzo mundial sin precedentes con el fin de dominar los recursos naturales mundiales al servicio del “progreso”, tanto en el bloque capitalista como comunista. Por su lado, en 1930, los Estados Unidos viven uno de los mayores desastres ecológicos de su historia: el Dust Bowl (Bola de polvo) [1]. Marcando profundamente la sociedad americana, se pone en evidencia que las malas prácticas agrícolas que sólo buscan la rentabilidad y competición sin frenos influyen en los equilibrios ecológicos.

Inflexión de los años 1960 y ampliación de las reivindicaciones

La “protección de la naturaleza” fue en un principio sobre todo una cruzada moral que se centraba en la estética y la conservación del entorno natural y de la vida salvaje. A partir de 1960, el ecologismo incipiente opera un cambio profundo para centrarse en el entorno humano con un tema nuevo: la supervivencia de la especie humana. A diferencia del movimiento conservacionista, el término “supervivencia” introduce el sentido de sentimiento de crisis, urgencia y concepción del ser humano en la biosfera. Emerge la noción de catástrofe ecológica en el seno de la contra-cultura subversiva que critica el crecimiento económico, la sociedad de consumo y anuncia una crisis de civilización.

El movimiento se asienta en una literatura cada vez más abundante que expone los múltiples aspectos ecológicos, sociales, culturales, políticos, militares, económicos y tecnológicos de la crisis de sociedad. Basándose en autores como Ivan Illich, asistimos a una crítica cada vez más aguda del papel de la ciencia occidental, técnica y del mito del progreso. Además de los efectos negativos de la “sociedad de la abundancia”, varios acontecimientos jugarán un papel determinante en la construcción de la conciencia ecológica: las pruebas nucleares, el libro «Primavera silenciosa” [2] y una serie de catástrofes ecológicas [3] difundidas por los nuevos medios de comunicación de masas.

La influencia de nuevos movimientos sociales lleva también a la ampliación de las reivindicaciones hacia la defensa de los consumidores y salud pública, la responsabilidad científica, el pacifismo y no-violencia, la renovación política y la democracia participativa. Se suman también los movimientos por la autonomía, donde los militantes redescubren el mundo rural, vinculando las palabras ecologismo y  comunidad, iniciando un retorno a la Tierra, así como a la práctica de la agricultura biológica y técnicas alternativas.

Más allá, el año 1968 marca un punto de inflexión en la lucha social y ecologista. En diferentes partes del planeta, las revueltas juveniles ven converger en movimientos medioambientalistas, pacifistas, feministas, culturales, libertarios o autonomistas en contra de la cultura del progreso ilimitado, consumista, jerárquico y patriarcal. Mientras surge la represión, especialmente sangrienta en México o Praga, y mientras el movimiento obrero desconoce estas revueltas, esta “revolución mundial” marca una ruptura profunda con los movimientos de viejas izquierdas y el surgimiento de nuevas aspiraciones transformadoras.

Una propagación mundial del ecologismo

En 1972, y gracias a nuevos conocimientos científicos, se publica el primer informe del Club de Roma que prevé el colapso del sistema mundial debido a los “límites del crecimiento”. La crítica del dogma del crecimiento provoca un escándalo tanto en el seno de la izquierda como de la derecha, considerando el informe como una herejía contra el “progreso”. Sin embargo, este informe viene alimentando la gran Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente de Estocolmo de junio de 1972 que permitirá la creación del Programa de las Naciones Unidas por el Medio Ambiente (PNUMA – UNEP en inglés).

La conciencia ecológica se reforzará aún más tras el primer choque petrolero de octubre de 1973 que pone en evidencia la feroz dependencia de los países “desarrollados” al oro negro. Por vez primera, se ponen en marcha planes energéticos para ahorrar energía y diversificar las fuentes de energía. Por desgracia, una vez superado el choque, los planes pasarán poco a poco al olvido.

El movimiento ecologista se radicaliza buscando un nuevo estilo de vida y alternativas globales a la sociedad industrial. Los conocimientos se profundizan y la conciencia colectiva está lista para sacar a la luz un pensamiento crítico, global y transformador: la ecología política.

Continúa en Parte II.

Notas

[0] La imagen que ilustra el presente artículo representa a Donella Meadows (autora principal del informe Los límites del crecimiento de 1972). Su utilización no tiene ningún propósito comercial.
[1] Más de 200 tormentas de polvo tuvieron lugar  en las Grandes Llanuras. Algunas llegaron a ocultar la luz solar y a provocar la creación de taludes de 6m de altura.
[2] Rachel Carson publica en 1962 el libro “Primavera silenciosa” sobre el uso de los pesticidas. La autora es considerada como una de las fundadoras de la Ecología política.
[3] En particular, el naufragio del Torrey Canyon en marzo de 1967, la marea negra de Santa Barbara en California en enero de 1969 y la enfermedad de Minamata debida a la contaminación con mercurio en Japón.

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