Cultura Ecológica

Published on junio 23rd, 2015 | by EcoPolítica

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¿Puede la comida cambiar una ciudad?

Por Alba Valdés Peña [0]

I

En un momento en el que cada vez más personas se preocupan por lo que comen, es interesante analizar el poder que la comida puede tener en la vida de los ciudadanos y en el modelo económico de las ciudades. La comida tiene un gran impacto económico y social, ya sea en su compra, en su distribución  o  en la gestión de los residuos.

En los últimos años han surgido numerosas iniciativas que ponen de manifiesto, por una parte, el problema de la gran cantidad de comida que los países “desarrollados”  tiramos a la basura y, por la otra parte, la caótica e insostenible organización de los alimentos que comemos como mostraremos más adelante.

Uno de los precursores de la concienciación sobre el problema de los desechos alimentarios fue Tristam Stuart con su libro Despilfarro, el escandalo Global de la Comida [i] en 2009, donde afirmaba que en Estados Unidos se desecha el 50% de la comida, en Inglaterra se generan cada año 20 millones de toneladas de residuos alimentarios y en Japón se despilfarra comida por un valor de 11 trillones de Yenes. Stuart también explica que este despilfarro de comida agota el suelo agrícola o las lógicas perversas de las grandes cadenas de alimentación.

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El despilfarro de la comida es consecuencia de las lógicas económicas que rigen el cultivo, la distribución y venta de los alimentos y  de una pésima o inexistente planificación en las políticas públicas sobre ellos. A modo de ejemplo, en España, cada día importamos 3.500 cerdos vivos y exportamos 3.000 [ii].  Los alimentos recorren una gran cantidad de kilómetros para llegar a los supermercados o centros de venta, por el camino algunos alimentos se estropean y se tiran a la basura. Una vez llegan a los supermercados, sólo se venden los que mejor aspecto tienen, los demás se tiran a la basura. Cuando un producto comienza a parecer pasado, se tira a la basura.  Finalmente, cuando el producto ha pasado la fecha de caducidad, se tira a la basura. Es fácil entonces imaginar cómo se desecha el 50% de la comida de la que hablar Stuart.  Otro ejemplo de este desajuste son los alimentos kilométricos. En 2011 el estado español importó 25.486 millones de toneladas de alimentos que recorrieron de media 3827,8 Km y generaron 4.212 millones de toneladas de CO[iii]. Un ejemplo más, se importan manzanas desde Francia, Italia, Uruguay o China, generando en 2011 cerca de 55.000 toneladas de CO2.

Son varias las experiencias que han comenzado a ponerse en marcha en la restauración. Como recogía el Diario El Mundo, en Bristol se ha abierto un restaurante, Skipchen, donde la comida que se sirve proviene de lo que los supermercados van a tirar a la basura, unos 10.000 kilos de comida diarios. En Madrid y Barcelona se celebran las DISCO SOUPE, comidas organizadas con alimentos que se iban a tirar y amenizadas con música.

En España, los circuitos cortos de alimentación (CCC), tales como grupos de consumo, mercadillos rurales y urbanos, se han diversificado y fortalecido en pocos años. La sociedad civil concienciada se está organizando en nuevos modelos de consumo que acercan el consumidor al productor y generan muchos menos residuos y CO2.

II

¿Qué se puede hacer desde los gobiernos locales? ¿Es posible implementar políticas públicas para cambiar esta realidad?

La restauración colectiva es la actividad de proveer con un servicio de comida, la preparación y la distribución a un colectivo determinado: colegios, hospitales, administraciones…

Las empresas de restauración colectiva firman un contrato con la empresa cliente  (la administración en este caso) para dar este servicio de comedor. El sector de la alimentación ha experimentado un rápido proceso de concentración empresarial y en la actualidad muy pocas empresas controlan el sector.

La administración pública tiene el control de la compra pública, que es la función de aprovisionar a las administraciones públicas para prestar los servicios públicos, en este caso la restauración colectiva. La compra pública tiene la capacidad para orientar los mercados hacia modelos económicos sostenibles, consolidando la producción ecológica y la alimentación de proximidad, debido al poder de compra de las Administraciones públicas, que destinan entre 2.000 y 3.000 millones de euros a las compras alimentarias.

¿Cuáles son los beneficios de la alimentación de proximidad? Uno de los beneficios de la alimentación de proximidad es la reducción por una parte, de las emisiones de CO2 por el transporte en carretera. Los alimentos de proximidad también requieren menos envasado, así que se generan menos residuos, plástico, papel…La alimentación de proximidad da empleo local y más diverso, los alimentos también son más variados y propios de la zona.

De esta manera, y respondiendo a la pregunta inicial, las Administraciones Públicas, y sobre todo las locales, SÍ pueden introducir cambios importantes en la economía y bienestar de la ciudades redirigiendo, con criterios de cercanía y sostenibilidad, su capacidad de compra pública.

Notas

[0] Alba Valdés Peña es doctoranda en Ciencias Políticas y PAS de la Universidad Autónoma de Madrid. Lleva años formando parte de grupos de consumo. Es activa militante de EQUO y colaboradora habitual de EcoPolítica.

[i] STUART, Tristam. Despilfarro: El Escandalo Global de la Comida. Madrid. Alianza Editorial, 2011, 488 p. ISBN 9788420653457.
[ii] Datos extraídos del informe: Compra publica en sistemas alimentarios locales elaborado por VSF Justicia Alimentaria Global.
[iii]Datos extraídos del informe, Alimentos Kilométrico elaborado por Amigos de la Tierra. Enlace: http://www.tierra.org/spip/IMG/pdf/actualizacion_alimentos_km_web.pdf

 

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