Política y Sociedad

Published on julio 6th, 2015 | by EcoPolítica

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Reseña del libro «Deep Green Resistance»

Por Rodrigo Santamaría Vicente [1] [2]

La civilización occidental va en un avión directo a estrellarse en cinco minutos, ¿qué haces? Para un lector convencido de la catástrofe ecológica inminente que se nos viene encima, con esta metáfora que sirve de hilo conductor de Deep Green Resistance (DPG) podemos discutir las distintas opciones del movimiento ecologista: reforma, retirada o resistencia.

Los reformistas tratan de negociar con el piloto, convencer al resto de la tripulación de que vamos a estrellarnos. El libro es muy crítico con esta solución: lenta, requiere de mayorías que no existen ni se pueden conseguir fácilmente, y los pequeños logros quedan en poco (Al Gore, el protocolo de Kyoto). En cierto modo, lo compara con el médico nazi en un campo de concentración: cura al preso, palia su dolor y le ayuda a morir, pero no cuestiona el campo de concentración.

El movimiento en retirada, ante la inminencia, por no decir inmersión sin pausa en el colapso, decide saltar en paracaídas. Empezar por nuestra cuenta, de espaldas al sistema, construyendo la alternativa. Jensen et al. también son críticos con esta solución: el avión no va a estrellarse sin más, va a estrellarse contra un silo nuclear, saltar te va a servir de poco. Si bien considera que es absolutamente necesario construir alternativas, también lo considera absolutamente insuficiente: 200 especies extintas al día, el 99% de las pesquerías agotadas, el hielo ártico en retirada, la temperatura subiendo… ¿cómo nos va a servir cultivar nuestro huerto autogestionado y horizontal para parar esta debacle?

La resistencia es para DGR la gran olvidada por el movimiento ecologista. Los grandes movimientos ecologistas están entregados a campañas de concienciación pública, obtención de ingresos y movimientos políticos (reformismo) y los pequeños movimientos en una transición en retirada. El enfrentamiento, violento o no, y la discusión de la violencia como táctica disponible, si bien evidentemente no deseable, es un tabú cada vez más claro en el movimiento ecologista.

Sin embargo, el texto sostiene que todo movimiento minoritario que haya conseguido algo, desde las sufragistas inglesas, los derechos civiles de los negros americanos, Mandela y la lucha contra el apartheid, la resistencia francesa en la II Guerra Mundial, etc. han recurrido a la violencia en diversos grados. La violencia, según el libro, está externalizada al estado (policía y ejército) y demonizada en los medios. Sin embargo, la violencia contra la propiedad, baluarte del capital y clave para su existencia, es justificable y estratégicamente apropiada, si el objetivo está bien elegido (un oledocuto, o una excavadora en una mina de uranio o un camión de transporte en un pozo de fracking). La paralización de la central nuclear de Lemóniz me venía a la cabeza, con toda su evidente controversia, cuando leía DGR.

Este libro levantará ampollas posiblemente en gran parte del movimiento ecologista, pero sin duda también es un revulsivo y un punto de vista diferente, bien documentado y argumentado. Merece una lectura sosegada y sin prejuicios, y también merece una traducción al castellano. Recomiendo el visionado del documental End: Civ, Resist or Die, de uno de los autores, como mal menor si el lector no domina la lengua de Shakespeare.

Notas

[1] Rodrigo Santamaría Vicente es profesor de Ingeniería Informática en la Universidad de Salamanca. Es colaborador de EcoPolítica.
[2] Reseña del libro Deep Green Resistance de Derrick Jensen, Aric McBay y Lierre Keith (Nueva York: Seven Stories Press, 2011).

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