Relaciones Internacionales

Published on enero 21st, 2018 | by EcoPolítica

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Carta fundacional de “Génération·s”

Carta fundacional aprobada el 2 de diciembre de 2017 en Le Mans
Traducida al castellano para EcoPolítica por Luis Esteban Rubio [1]

Preámbulo

Somos de izquierdas. Somos ecologistas.

Somos los herederos y herederas de una larga lucha. No somos los hijos del azar sino de un ideal: el derecho absoluto e inalienable de los seres humanos a vivir libres e iguales y a morir con dignidad. No hay orden establecido que no pueda ser modificado, ni injusticias y miserias que no puedan ser erradicadas.

Este ideal es el de la Ilustración y el de la Revolución francesa. Más de dos siglos más tarde, nuestra determinación permanece intacta y sigue siendo necesaria.

Con los ojos bien abiertos y el corazón alerta, somos conscientes de que todavía siguen existiendo grandes injusticias y de que surgen nuevas formas de dominación. La especie humana se encuentra amenazada por una búsqueda de beneficios absurda y destructiva, lo que además supone un ataque cada día más irreversible contra la naturaleza. Incluso el principio de igualdad entre los seres humanos está en cuestión.

Nos conduce el deber de reducir las incesantes desigualdades entre el ideal y lo real. Frente a las tensiones de nuestro tiempo, frente a las transformaciones de un mundo revuelto, frente a la amenaza climática, frente a los miedos y a las dimensiones de la misión, nos unimos para mantener alta la perspectiva del progreso humano – es decir, la aspiración a una vida mejor para las mujeres y los hombres de hoy y de las generaciones futuras.

Esta es la razón de la existencia de nuestro movimiento. Somos las hijas y los hijos de los movimientos obreros cuyos sacrificios, sangre, cantos y fuerza han sacado al individuo de la miseria en la cual le había situado el sistema capitalista. Somos las hijas y los hijos de la Comuna, de las sufragistas, del Frente Popular, de la descolonización y del programa del Consejo Nacional de la Resistencia, que proclamaron, en unos “días felices” [2], la inviolabilidad de nuestros derechos fundamentales políticos, ecológicos y sociales.

Somos los descendientes de todas las luchas humanistas, feministas, ecologistas y progresistas, desde la abolición de la esclavitud hasta la pena de muerte, desde el rechazo a todas las opresiones hasta la búsqueda permanente de la emancipación individual. Creemos en la moderación y en la necesidad de superar un sistema capitalista que reduce los seres vivos a meros datos económicos y que destruye los bosques, los océanos y la biodiversidad.

Hacemos nuestra la Carta de los Verdes Mundiales que hace de la conservación de nuestra Tierra y de las generaciones futuras la línea central de toda política ética. Nos inscribimos en la tradición de las luchas impulsadas en Porto Alegre en 1994 a favor de una globalización alternativa, opuesta a la dictadura del librecambio y de la financiarización de la economía. Creemos firmemente en la fuerza superior de la cooperación sobre la competición.

Somos en definitiva todos aquéllos y aquéllas que, en Francia y en el mundo, piensan, imaginan y actúan contra un sistema neoliberal que incrementa sin freno la pobreza, las desigualdades y la violencia. A todos aquéllos y aquéllas que se incautan del poder, que rechazan confiar en los ciudadanos y ciudadanas porque el mundo pasaría a ser demasiado complejo, que sueñan con un mundo elitista y oligárquico, les recordamos que la soberanía reside en el pueblo y que la democracia no es pues posible sin éste.

En la actualidad, se está produciendo un cambio inédito en nuestras sociedades: la revolución digital acelera la metamorfosis del trabajo, elimina millones de empleos y permite que las grandes empresas tomen posesión de nuestras vidas a través de la apropiación de nuestros datos personales. Es pues tiempo de actuar a favor de la conciliación entre innovación tecnológica, progreso humano y protección de la naturaleza.

Queremos bienestar en el trabajo y situamos al ser humano en el centro de las actividades de producción y de creación. En un momento en el que los grandes intereses privados acumulan la riqueza en detrimento de los bienes comunes y del interés general, en el que los ciudadanos y ciudadanas se sienten privados de su poder, y en el que el individuo es a menudo invisible y despreciado, retomamos la confianza en nuestra capacidad colectiva para cambiar el mundo.

Nuestra voluntad es enorme. Somos conscientes de que no hay orden establecido, injusticias y miserias que no puedan ser suprimidos. Nunca antes tantos ciudadanos y ciudadanas habían expresado la necesidad de vivir en armonía con la naturaleza, de erradicar la pobreza, de crear nuevas solidaridades, de superar el consumismo y el productivismo, y de acabar con la competencia para dirigirse hacia la cooperación, el éxito de todas y todos y el florecimiento de cada uno.

Por todas las generaciones presentes y futuras, es nuestra responsabilidad y compromiso construir la sociedad a la que aspiramos.

I. La Igualdad

Los seres humanos son iguales. Esta igualdad es el primer fundamento de nuestros valores. De ella derivan nuestras luchas por la democracia, la justicia social y la ecología.

Las diferencias no justifican ninguna jerarquía en los ámbitos político, económico, social y cultural, sobre los que se levanta la “cosa pública”. No hay libertad sin igualdad y la libertad de cada uno está condicionada por la de los demás. El respeto a la ley es obligatorio en tanto en cuanto se encuentren protegidos los principios de igualdad y libertad.

Nuestro movimiento da continuidad a la lucha de Jaurès estableciendo como objetivos principales: por un lado, la eliminación de las opresiones sociales fundadas en la propiedad de los medios de producción y de intercambio o sobre las desigualdades sociales; y, por otro, la supresión de las jerarquías basadas en la identidad de género, en la clase social, en la orientación sexual, o en el origen geográfico o cultural.

Nos comprometemos en favor de la igualdad de los territorios, la cual debe reparar las divisiones entre la ciudad y el campo, el centro de la ciudad y las afueras, la metrópoli y los territorios de ultramar. No hay emancipación posible si ésta se encuentra basada en la competición y la competencia como valores esenciales. Ambos valores no son más que máscaras utilizadas para ocultar la desigualdad real en nombre de una quimérica igualdad de oportunidades.

He aquí el motivo por el que este movimiento luchará por una sociedad basada en el principio de cooperación entre iguales, donde, para todo lo relacionado con la actividad colectiva, deberá garantizarse plenamente la igualdad de derechos y deberes entre ciudadanas y ciudadanos.

II. La Ecología

La deuda ecológica, al contrario que la deuda financiera, no se puede negociar. La primera no puede estar pues subordinada al reembolso de la segunda.

La carrera desenfrenada por los beneficios y la lógica productivista no se contentan con explotar el trabajo de los seres humanos, sino que explotan también, y sin límite, los recursos naturales. Dañan la naturaleza, maltratan a los animales y ponen en peligro los ecosistemas de la Tierra.

Creemos en el progreso de la ciencia y en la conquista del bienestar universal – en tanto en cuanto estos avances se realicen con el conocimiento y el respeto de la naturaleza. Rechazamos el dogma del crecimiento material sin fin como indicador universal del bienestar. Frente a este indicador, proponemos indicadores de desarrollo y de emancipación que se liberen de la medición del PIB para incluir la exigencia de la transición ecológica, de la buena salud de los seres humanos y de los seres vivos, de la biosfera, de la educación y de la cultura.

Defendemos el reconocimiento por Francia, Europa y la comunidad internacional de los bienes comunes: el agua, el aire, los suelos, el bosque, los océanos, la biodiversidad – patrimonio que hace falta proteger, restaurar y gestionar colectivamente para permitir que la humanidad se encuentre en armonía con su medio natural.

Somos conscientes del valor de la tierra. Somos conscientes del valor de los suelos naturales y de los efectos que el consumo de los mismos por parte de la urbanización especulativa y la impermeabilización galopante está teniendo en la reducción del potencial agrícola.

Lejos de una agricultura industrial y financiarizada cuya rentabilidad descansa en el empleo exponencial de productos químicos que tienen efectos perjudiciales sobre nuestra salud y la de las generaciones futuras, apoyamos una agricultura campesina y ecológica relocalizada para asegurar una producción alimentaria biológica, sana y sostenible.

El futuro de la humanidad está amenazado por el cambio climático y el consumismo desenfrenado. Frente a ello, proponemos intercambios económicos sobrios en carbono, favoreciendo circuitos cortos, producciones locales y la economía circular. Mientras las crisis humanitarias se multiplican, defendemos un modelo de desarrollo de transición que implique la conversión ecológica de la economía; una conversión libre pues de energía nuclear. Queremos promover la economía social y solidaria y todas las formas de empresas y emprendimiento que integren principios democráticos, limiten el ánimo de lucro y mejoren las consecuencias medioambientales y sociales de sus actividades.

III. La Democracia

La igualdad de derechos y deberes, la fraternidad, la libertad personal y colectiva de opinión y expresión: he aquí lo que funda la democracia como principio superior de organización social. La libertad de prensa y la independencia de la justicia son, principalmente, sus garantes.

En el ámbito de las instituciones, promovemos una democracia representativa y participativa, la separación entre el poder legislativo y ejecutivo y la no preeminencia de este último.

Creemos en una República guiada por el lema del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Confiamos en la inteligencia colectiva y rechazamos toda forma de democracia reducida que subordine el destino de nuestro país a la ingenio de una sola persona.

Queremos fundar una nueva República democrática y participativa, ecológica y social, laica y descentralizada.

Sostenemos el derecho inalienable a la seguridad. El poder público debe organizar la protección de sus ciudadanos y ciudadanas al mismo tiempo que garantiza nuestros derechos y libertades fundamentales.

En el campo económico y social, nos inscribimos en la lucha y la promesa socialista que concibe que no hay posibilidad de emancipación si la democracia tiene prohibido atravesar las puertas del taller. La democracia no es un oasis que se limita al ejercicio intermitente del derecho a voto para elegir a los y las representantes.

El pueblo no es un lobby entre otros. Nuestro proyecto es más que nunca la democracia hasta el final, la democracia permanente, y nuestro único soberano sigue siendo el pueblo. Rechazamos el poder único de los grandes accionistas privados y fomentamos un modelo de empresa que tenga en cuenta su pluralidad, donde coexistan pues los diversos actores y donde los asalariados y asalariadas co-elaboraen y co-decidan.

Promovemos el cambio de escala de la economía social y solidaria, ejemplo de futuro en las relaciones de producción e intercambio. Luchamos por la aplicación de las normas internacionales del trabajo, por garantizar la libertad sindical y por la preservación de las instituciones representativas del personal laboral.

El derecho de cada uno y cada una a acceder libremente a la cultura está reconocido como un derecho democrático.

IV. La Justicia social y la solidaridad

Nuestras sociedades están atravesadas por relaciones de dominación y explotación. Los conflictos de intereses entre clases sociales no sólo perduran sino que se han acentuado desde el desarrollo de la revolución neoliberal de los años ’80 y de la globalización, especialmente financiera.

La individualización del trabajo y la crisis de la sociedad salarial han deteriorado la conciencia de clase pero no la realidad de los procesos de sumisión de la mayoría a los intereses de una ínfima minoría.

Lejos de crear una prosperidad compartida, la financiarización de la economía es responsable del aumento de las desigualdades. Deseamos por tanto justicia a través de la redistribución de la riqueza a escala nacional, europea e internacional. Estas transferencias se realizarán vía impuestos y se destinarán a los servicios públicos, la educación, la sanidad, el aumento de los salarios, la reducción del tiempo de trabajo, la Renta Básica Universal, la igualación entre territorios y la solidaridad internacional.

Defender la justicia social no se reduce sólo a un mejor reparto de la riqueza. Una República sólo es plena cuando existe la seguridad de que nadie esté sujeto a ninguna forma de dominación. En primer lugar, luchamos por la igualdad entre mujeres y hombres tanto de iure como de facto. Nos apoderamos del compromiso de Aimé Césaire que recordaba que la lucha común de los trabajadores no suprimía la existencia de las discriminaciones basadas en el color de la piel. Ésto también es cierto en lo que se refiere a las discriminaciones basada en la cultura, la creencia religiosa, la orientación sexual o la diversidad funcional.

Nuestro combate por la justicia abraza la lucha contra todos los procesos de dominación cultural que, a fuerza de estereotipos degradantes, rechazan a las personas discriminadas el disfrute de una ciudadanía plena.

He aquí la razón por la que defendemos la laicidad según fue introducida en 1905, separando lo religioso de lo político y asegurando a cada uno y a cada una la libertad de no creer o de practicar el culto que desee.

La educación, frente a la ignorancia y a todos los oscurantismos, es la llave de la emancipación y la realización de los individuos. Queremos una educación humanista que sea capaz de abrir a cada persona las perspectivas para realizarse como individuo a lo largo de la vida, y no sólo de prepararla para la inserción profesional inmediata. Defendemos el viejo sueño de Víctor Hugo para la erradicación de la pobreza: es un imperativo moral, social y económico. Cada ciudadana y ciudadano debe ver asegurados sus derechos fundamentales (vivienda, alimentación, trabajo, educación, sanidad, seguridad) a lo largo de la vida.

Promovemos desmercantilizar las relaciones sociales. Esta ambición implica repensar nuestra relación con el trabajo. La Renta Básica Universal, nuevo pilar de la Seguridad Social, debe ser creada para garantizar unos ingresos decentes. Dicha renta asegurará dignidad y autonomía a cada una y cada uno, permitiendo con ello la creación de una relación de fuerzas más favorable entre trabajadores y empresarios. Igualmente, reanudaremos bajo formas variadas el camino hacia la reducción del tiempo de trabajo.

V. Una Europa democrática, ecológica y social

Somos europeos y europeas. Queremos continuar el proceso de integración de los pueblos y establecer una Europa federal.

El proyecto europeo, pensado como antídoto a la guerra se debe transformar en un proyecto emancipador para los ciudadanos y ciudadanas. Esta perspectiva ha desaparecido con las políticas neoliberales de austeridad y desreguladoras puestas en marcha por la Unión Europea. Ultrajando con regularidad la democracia, el neoliberalismo ha encerrado a Europa en un callejón sin salida que alimenta los nacionalismos y amenaza su propia existencia.

La respuesta no debe ser el repliegue soberanista. Defendemos una agenda progresista, democrática y transnacional como alternativa al impasse neoliberal y nacionalista.

Porque Europa es la escala apropiada para afrontar los retos de este siglo, la Unión Europea debe apoyar la transición ecológica, el intercambio justo en materia comercial, la acogida solidaria de refugiados, y la lucha contra el dumping fiscal y social. Estos objetivos sólo serán alcanzados a través de la alianza de las izquierdas europeas.

VI. El Internacionalismo

Queremos volver a encontrar el fervor de los compromisos internacionalistas de las mujeres y de los hombres que fundaron la izquierda.

El primero de los retos es la ecología, pues es la propia supervivencia de la humanidad lo que está en juego. Sin embargo, hay muchos más retos: la paz en un mundo cada vez más devastado por las crisis humanitarias, la solidaridad hacia aquéllas y aquéllos que son víctimas de dichas crisis, la defensa de los derechos humanos y la democracia, o el reparto de la riqueza para construir sociedades más igualitarias. En un mundo cada vez más complejo surgen también otros desafíos, como son la privatización de los datos personales, la neutralidad de la red o la evasión fiscal.

Trabajaremos a favor de una gobernanza mundial que haga del multilateralismo una herramienta imprescindible en la resolución de conflictos, actuando tanto sobre las causas como sobre los efectos.

Construiremos convergencias con todos los colectivos que compartan nuestros valores: movimientos, partidos, sindicatos, asociaciones, sociedad civil, redes a nivel local, nacional, europea y mundial. Con ellos, llevaremos a cabo luchas comunes para fomentar la democracia, la justicia social, la ecología y la solidaridad internacional.

Porque consideramos que aquello que nos asemeja como seres humanos es más importante que aquello que nos divide, y porque estamos todas y todos comprometidos con un futuro común, el internacionalismo está en el centro de nuestros valores.

Esta lucha necesita aliados por todo el mundo. Construiremos pues una alianza internacional de progresistas, libre de etnocentrismo occidental, para reconstruir las relaciones entre los pueblos alrededor de la promoción y defensa de los bienes comunes.

Notas

[1] Luis Esteban Rubio es profesor de enseñanza secundaria, doctorando en Filosofía del Derecho por la UC3M y coordinador de EcoPolítica.
[2] N. del T. La primera edición de dicho programa se tituló “Les Jours Heureux par le C.N.R.”.

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