Política y Sociedad

Published on octubre 25th, 2015 | by EcoPolítica

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El ambientalismo y ecologismo latinoamericano. Parte III

Parte III. El ambientalismo conservacionista

Por Joan Martínez Alier, Héctor Sejenovich y Michiel Baud [1]

Artículo publicado en la obra Gobernanza ambiental en América Latina de Fabio de Castro, Barbara Hogenboom y Michiel Baud (coordinadores) (Buenos Aires: CLACSO, 2015)
Publicado con el consentimiento expreso de Joan Martínez Alier

A pesar de los cambios antropogénicos sucedidos antes y después de 1492, América continuó conservando una inmensa diversidad biológica en muchos de sus diversos ecosistemas. La Amazonía apenas había sido explotada antes de la vorágine del caucho a finales del siglo XIX. Esa enorme riqueza biológica había llamado la atención de investiga- dores europeos como Alexander von Humboldt (1769-1859), un cien- tífico ilustrado y a la vez romántico. sin sus investigaciones en la parte del mundo que vino en llamarse el “Neo-Trópico” entre 1799 y 1805 no se hubiera desarrollado la biogeografía tal como lo hizo, es decir, el estudio de la distribución geográfica de plantas y otras formas de vida. su ilusión, que no se concretó, era regresar a la América republicana e independiente y dirigir, desde México o desde la cordillera de los Andes, una academia con corresponsales científicos desde México hasta Patagonia.

Entre otras muchas actividades de difusión de la ciencia y auspicio de investigaciones, Humboldt le escribió el 29 de julio de 1822 desde París una carta a Bolívar (a quien había conocido personalmente en 1805) presentándole a los jóvenes Boussingault y Mariano de Rivero, expertos en minería. Mariano de Rivero se lamentó en años posteriores del desperdicio de las rentas del guano y pensaba en lo que ahora llamamos una política de “sustentabilidad débil”. Esas rentas, de un producto renovable exportado a un ritmo que llevaba a su agotamiento, debían invertirse en empresas que dieran rentas permanentes. Esta propuesta se parece a la que después planteó Uslar Pietri en Venezuela en 1936, bautizándolo como la política de “sembrar el petróleo” (Martínez-Alier y Roca, 2013: 116-7).

Así como Humboldt describió la geología, los volcanes, la biogeografía y la riqueza de especies de los territorios americanos que visitó durante cinco años, en la ciencia de la evolución biológica América Latina tiene, algo más tarde y gracias a Darwin, un puesto privilegiado. Su explicación del origen de las especies debe mucho a su viaje a América en la misión del Beagle (desde 1831 a 1836) para recopilar materiales y discurrir ideas que con el tiempo, tras la crucial estancia en Galápagos, le harían expresar su asombro por la cantidad de criaturas autóctonas (es decir, especies endémicas) cuando las islas solo existían desde un período geológicamente reciente. Observando los finches (los pinzones), y las variaciones en el tamaño y forma de sus picos que los eco-turistas continúan comentando hoy en día, concluyó que de una sola raza de pájaros llegada y establecida en el archipiélago, otras especies habían surgido mediante su adaptación a fines específicos.

El vocabulario actual sobre la evolución y la conservación de la biodiversidad, nuestra alarma sobre la sexta Gran Extinción (la primera que es obra humana), el sentimiento de desperdicio, de vergüenza y de horror cuando uno piensa que los humanos estamos haciendo desaparecer millones de especies de seres vivos que evolucionaron lentamente en la naturaleza, todo eso nace, entre otras fuentes, de esas observaciones de Darwin. Y también Alfred Russel Wallace viajó por América –sus colecciones de especies se perdieron en un naufragio. Un personaje notable fue Florentino Ameghino, un temprano paleontólogo argentino que coleccionó fósiles en la Pampa en una perspectiva evolucionista.

Sudamérica fue pues crucial en la historia de la evolución biológica y también lo ha sido en la historia de la química agraria y en el desarrollo de la idea del “metabolismo social”. Hacia 1840, Liebig, Boussingault y otros científicos, basándose en análisis del guano de Perú y otros fertilizantes, determinaron que las plantas necesitan tres nutrientes principales, fósforo, potasio y nitrógeno. Debería caminarse de una agricultura de expoliación a una agricultura de restitución. Las propiedades fertilizantes del guano eran conocidas por los antiguos habitantes del Perú pero no habían sido descritas y analizadas  en el lenguaje de la química. El guano tuvo una importancia global. se exportó como fertilizante pero sirvió también de abono para la mente de los químicos agrarios (Cushman, 2013; Gootenberg,  1993).

Los distintos biomas han tenido también sus investigadores icónicos. El bosque seco tropical del Chaco fue estudiado por el gran ecólogo Jorge Morello (1932-2013) que auspició la excelente investigación colectiva en la Universidad de Buenos Aires y ocupó un corto tiempo el cargo de director de Parques Naturales con el gobierno de Raúl Alfonsín. En la historia ecológica y política argentina, la tala de quebracho colorado para durmientes de ferrocarril y para la exportación de tanino para curtiembres (por la empresa británica La Forestal) en Santa Fe y el Chaco en los primeros 40 años del siglo XX, tiene un papel notable. En Argentina ha existido un activo conservacionismo desde fines del siglo XIX que consiguió la declaración de varios Parques Nacionales en diferentes ecosistemas. su pampa húmeda se extiende por más de 50 millones de hectáreas con clima templado, con 1.000 mm de lluvia y sin estación seca, reuniéndose las características ecosistémicas que dan una renta diferencial inmensa que acapararon los terratenientes luego de desplazar o destruir a las poblaciones originarias. la pampa atrajo inmigración europea de todos los países.

La dedicación de Maximina Monasterio a los páramos andinos ha sido similar a la de Jorge Morello en el Chaco. De familia republicana gallega refugiada en argentina, formada y doctorada en ecología en Francia, con estancias en Bolivia y exiliada en Venezuela en 1966, ha sido figura crucial de la investigación y enseñanza de los páramos andinos desde Venezuela a Ecuador. Hoy en día los servicios ecosistémicos de los páramos son conocimiento común, criaderos de agua de donde hay que sacar a la gente y a su ganado, pero Monasterio ha estudiado, en sus propias palabras, “desde los frailejones a las papas”, es decir, los sistemas ecológicos y a la vez las condiciones de existencia de las poblaciones  humanas.

En México, el biólogo de la UNAM Arturo Gómez Pompa, de la misma generación que Morello y Monasterio (nacido en 1934), trabajó en ecología de bosques tropicales y en etnobotánica siendo una de las voces más destacadas en la denuncia de la deforestación del sureste de México. Es conocido por haber encontrado el árbol del chocolate en selvas mayas. Esa idea de la selva cultivada (o la “selva culta” como Philippe Descola (1986) llamó al bosque de los Achuar amazónicos) es bien importante en el conservacionismo  latinoamericano.

El conservacionismo en América Latina ha venido de fuera pero tiene una tradición propia. Usa instrumentos universales y más o menos estrictos como la constitución de Parques Nacionales, la inclusión de humedales o bañados en la lista de la convención internacional Ramsar, las Reservas de la Biosfera auspiciadas por la Unesco. Las áreas naturales protegidas lo han sido, a veces, por impulsos llegados del poderoso conservacionismo internacional. Sin embargo, muchos países con razón reivindican el papel de científicos y administradores locales. Es conocido en Perú el papel que tuvo el ingeniero forestal Marc Dourojeanni en la delimitación de zonas protegidas, ya en el gobierno de Velasco Alvarado hacia 1970, tanto para salvar las vicuñas en la puna como los bosques amazónicos.

En México son recordados personajes de la conservación de 100 años atrás como Enrique Beltrán y Miguel Ángel de Quevedo (Simonian, 1999). En Ecuador, Nicolás Cuví ha puesto en relieve la figura de Acosta Solís, botánico y conservacionista, con un pie en su país y otro en Estados Unidos, investigador ya tardío durante la segunda Guerra Mundial de los remanentes del árbol de la quina (el árbol que está en el escudo del Perú republicano).

Hace más de un siglo, una parte de la Amazonía sufrió los embates del boom del caucho, que afectó muy negativamente a poblaciones indígenas. Sin embargo, el bosque tropical húmedo de la Amazonia de Brasil, el mayor del mundo, está en gran parte preservado con sus cientos de aldeas indígenas en aislamiento voluntario y sus muy altos índices de asesinatos en el “arco de deforestación” por conflictos de tierras. Su principal amenaza es tal vez el cambio climático global    que lo podría convertir en sabana. No ocurrió lo mismo con la Mata Atlántica en Brasil ni con los bosques del sur de México y Centroamérica, ni con bosques del sur de Chile y Argentina, destruidos en el siglo XX por los pastizales, los cultivos agrícolas y los monocultivos de árboles como pinos y eucaliptos. José Augusto Pádua ha explicado cómo desde el mismo momento de la independencia de Brasil el estadista José Bonifacio profetizaba la destrucción de los bosques de la costa. también conservacionistas como Alberto Torres (nacido en 1865 en una plantación de Rio de Janeiro que ya estaba en decadencia) lamentaron la destrucción forestal en la marcha hacia el interior (Drummond, 1997; Pádua, 2002, 2010).

Más tarde, el conservacionismo latinoamericano se vio favorecido por el apoyo de los gobiernos que instituyeron en casi en todos los países administraciones de cuencas hidrográficas. El Primer Seminario de Ordenamiento de Cuencas organizado por la FAO y la Universidad de la Plata reunió a los países de la región y del Caribe en 1971. El manejo integral de cuencas desarrolló tanto esfuerzos científicos como movimientos de opinión que luego con las cuestiones ambienta- les encontraron su real hogar.

También resta comentar que en el movimiento conservacionista de hace 80 años existía ya una importante polémica. Ciriacy-Wantrup advertía que “la conservación en sí no puede significar la abstención del uso”. Este economista de Berkeley anticipó conceptos de sustentabilidad. Su libro principal apareció en 1952 y su traducción (por el economista agrícola Edmundo Flores) publicada en México en l957 generó un efecto importante en la región. al mismo tiempo, los avances conceptuales que llevaron a la elaboración y la metodología de la cuenca hídrica del Papaloapan en México en 1960 tuvieron trascendencia.

En resumen, hay un conservacionismo latinoamericano con raíces históricas profundas y con apoyos científicos en la biogeografía y la biología de la conservación, y también en la economía de los recursos naturales y el estudio de cuencas hidrográficas. A diferencia del ecologismo popular y del agroecologismo que analizaremos a continuación, ese conservacionismo tuvo y tiene apoyos poderosos en el Norte, en la IUCN, el WWF y en otras instituciones internacionales, como Recursos para el Futuro de los EE.UU. y la FAO.

Notas

[0] La foto que encabeza este artículo corresponde al mural “Presencia de América Latina” del artista mexicano Jorge González Camarena. El mural se encuentra en la Casa del Arte de la Ciudad Universitaria de Concepción (Chile).
[1] Joan Martínez Alier es uno de los dos padres fundadores de la economía ecológica en España (junto a José Manuel Naredo) y fundador y director de la revista semestral “Ecología Política. Cuadernos de debate internacional”, referencia de la materia en castellano tanto en España como en América Latina.

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