Política y Sociedad

Published on noviembre 16th, 2015 | by EcoPolítica

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El ambientalismo y ecologismo latinoamericano. Parte V

Parte V. La ecología en las novelas latinoamericanas

Por Joan Martínez Alier, Héctor Sejenovich y Michiel Baud [1]

Artículo publicado en la obra Gobernanza ambiental en América Latina de Fabio de Castro, Barbara Hogenboom y Michiel Baud (coordinadores) (Buenos Aires: CLACSO, 2015)
Publicado con el consentimiento expreso de Joan Martínez Alier

Los booms de la producción extractivista han sido una fuente de inspiración, reflexión e indignación en la producción literaria en América Latina. En este sentido, el ecologismo está muy presente en la cultura literaria y artística de la región. Recordemos la temática de solamente unas pocas novelas del siglo XX que fueron escritas antes que las palabras “ecologismo” o “ambientalismo” tuvieran significación política.

Tal vez podamos presentar la novela La Vorágine, como la más representativa para describir la expansión de la frontera de la extracción de mercancías en América Latina. Se publicó en 1924 y es la única novela del bogotano José Eustasio Rivera. La novela narra las peripecias del poeta Arturo Cova y su amante Alicia, historia de pasión y venganza enmarcada primero en los llanos y después en la selva amazónica donde aparece, también, un empresario cauchero y a la vez se retratan las duras condiciones de vida de los colonos e indígenas esclavizados o “enganchados” por deudas durante la fiebre del caucho. La novela tiene pues por tema la explotación comercial y excesiva de un recurso natural renovable, el reclutamiento forzoso de la mano de obra y la aparición de una nueva mercancía por la demanda externa. La novela pertenece a una serie de novelas sociales denunciando los efectos sociales del incremento productivo y la inequidad en América Latina desde las últimas décadas del siglo XIX. Algunas de ellas mezclan su crítica social con una conciencia ecologista. Un ejemplo de lo primero puede ser la novela de Jorge Icaza Huasipungo denunciando las condiciones en las haciendas ecuatorianas. El relato Os sertões de Euclides da Cunha sobre la guerra de Canudos (1893-97) en el interior de Bahia puede verse como ejemplo del segundo proceso. En el siglo XX esta mezcla de crítica social y ecológica se vuelve más común. En este periodo las consecuencias ecológicas de la actividad en la frontera se ponen en claro. Por ejemplo, Jorge Amado describe la violenta sociedad de la frontera cacaotera de Ilheus en Brasil en Terras do sem-fim (1944) y en su continuación, São Jorge dos Ilhéus. La frontera devora tanto a los trabajadores como a la naturaleza. Jorge amado escribe que nada parecido se había visto nunca pues ésta era la mejor tierra del mundo para plantar cacao, una tierra fertilizada por la sangre humana.

En Ecuador, Don Goyo es una novela escrita por Demetrio Aguilera y publicada en 1933. La trama de Don Goyo se desarrolla en una época anterior a la expansión de la industria camaronera pero el tema es ya la destrucción del manglar en el sur de Ecuador, causada por la industria comercial del carbón que se lleva a vender a la ciudad de Guayaquil. Don Goyo vive en la isla Cerrito de los Morreños en el Golfo de Guayaquil. La novela muestra la vida en comunidad de los pescadores en los manglares a inicios del siglo XX y las amenazas para su estilo de vida.

Con mayor mérito literario, Grande Sertão: Veredas es la famosa obra más destacada de João Guimarães Rosa, escrita en 1956. Contrasta la aridez del sertão, en el Cerrado del norte de Minas Gerais, las Chapadas y las Caatingas, con la disponibilidad de agua en las veredas, describiendo el paisaje humano del Rio San Francisco y sus afluentes con diversidad social y ambiental: sus jornaleros, sus hacendados y capangas, sus hombres libres, sus santuarios religiosos, sus cocodrilos. El libro es narrado por el jagunço Riobaldo. Poco antes, en Guatemala en 1949, Miguel Ángel Asturias, quien fue premio Nobel de literatura, había publicado Hombres de Maíz, una estremecedora novela que contrapone los indígenas que realizan un cultivo de subsistencia del maíz en la milpa desde hace miles de años a los empresarios criollos vinculados al mercado mundial que quieren apoderarse de la tierra y tecnificar el cultivo para exportación. El maíz es un alimento sagrado, no debe ser una mercancía. El lenguaje hace uso de las tradiciones mayas, incluyendo mitos, leyendas, poemas y canciones. Un líder indígena, Gaspar Ilom, encabeza la resistencia de la comunidad. Es asesinado pero más allá de su tumba, Gaspar Ilom continúa viviendo míticamente.

Luchando también con la dificultad de escribir sobre el mundo indígena en castellano, una de las más impactantes novelas de José María Arguedas es Todas las Sangres publicada en 1964, pocos años antes de que el autor se suicidara. La novela fue mal recibida por liberales y por algunos marxistas peruanos (¿He vivido en vano?, 1985; también: Baud , 2003: 10-12). El antropólogo e historiador John Murra (estudioso de los intercambios entre diversos pisos ecológicos en los andes) defendió a su amigo Arguedas. La novela narra con mucha fuerza la historia de dos hermanos, Bruno Aragón, hacendado tradicional, y Fermín Aragón que se había convertido en propietario de una mina vecina a la hacienda entrando en sociedad con la compañía internacional Wisther. Bruno Aragón es el abusivo señor hacendado que maltrata a la indiada pero que habla quechua y poco a poco se opone a los planes modernizadores de su hermano Fermín situándose del lado de los indios del pueblo y también de los criollos amenazados por las escorias de la mina en la zona de “La Esmeralda”.

En Costa Rica se había publicado Mamita Yunai, de Carlos Luis Fallas (“Calufa”), en 1941. Es una novela social-realista de un miembro del Partido Comunista que glorifica las luchas sindicales en los terrenos bananeros de la compañía United Fruit (“Yunai” viene de United). No habla explícitamente de ecología pero muestra muy claramente los conflictos ambientales. La United Fruit pagaba un plus a los llamados “regadores de veneno” cuando hacían huelgas. ¿Qué veneno sería este? En seguida viene a la mente el nematicida DBCP que ha dejado estériles a tantos trabajadores del banano en las últimas décadas pero ese horror no aparece todavía en la novela de Calufa. Sí aparecen, sin embargo, esos otros agrotóxicos. También se explica la cruel desposesión de terrenos indígenas para la expansión de las bananeras.

Cada una de estas novelas corresponde a un ecosistema más o menos modificado. En ninguna de ellas, como tampoco en muchos otros relatos, poesías, novelas y guiones de cine que podríamos traer a cuento, salía todavía la palabra ecología, introducida por Haeckel en 1866, pero que no se politizó hasta la década del sesenta. Hay por supuesto otras manifestaciones culturales con impronta ecológica. Así, en Argentina, en el periodo 1940-90 fue muy intenso un movimiento cultural de música folklórica con temas ambientales que hacían referencia tanto a la estructura natural como la social (para sus orígenes: Chamosa, 2010). Por ejemplo, el Paraná en una Zamba (cantada por Los Fronterizos). Unas bellas palabras de la Voz de sola, que se convirtió en lectura escolar, dicen del Delta del Paraná: “a medida que uno sube de las tierra bajas a las altas, la vida humana cambia como la naturaleza…los ceibos y sauces son substituidos por el espinillo y el ñandubay”.

En contra, hay una larga literatura “anti-ecologista”, anti-indígena y a favor de la población blanca inmigrante, de la cual el Facundo (Quiroga) de Sarmiento de 1845 es una temprana e influyente muestra. Vargas Llosa expresa hoy (más explícitamente en sus escritos políticos que en sus novelas) el dilema de Sarmiento, “civilización o barbarie”. Puestos a escoger, Vargas Llosa está con la “civilización” y los ecologistas están con la “barbarie”. De este lado, la poesía de Pablo Neruda rebosa de referencias a la tierra y a la vegetación, y hasta advierte contra la mercantilización de los servicios ambientales: “aire, no te vendas”, porque el agua ya se vendió y anda entubada y sucia.

Notas

[0] La foto que encabeza este artículo corresponde al mural “Presencia de América Latina” del artista mexicano Jorge González Camarena. El mural se encuentra en la Casa del Arte de la Ciudad Universitaria de Concepción (Chile).
[1] Joan Martínez Alier es uno de los dos padres fundadores de la economía ecológica en España (junto a José Manuel Naredo) y fundador y director de la revista semestral “Ecología Política. Cuadernos de debate internacional”, referencia de la materia en castellano tanto en España como en América Latina.

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