Economía

Published on noviembre 24th, 2019 | by EcoPolítica

0

El futuro de los sindicatos

Por Christophe Degryse [1]

Artículo publicado en el número especial 2049: un futuro abierto del Green European Journal
EcoPolítica es partner del Green European Journal
Traducido al castellano para EcoPolítica por Luis Esteban y Rubio [2]

Reflexionar sobre cómo será el mundo en el año 2049 significa imaginar cómo la sociedad estará moldeada por las dos tendencias a largo plazo que preocupan hoy a la ciudadanía: el cambio climático y la transformación digital de la economía (a la que algunos se refieren como Cuarta Revolución Industrial). A primera vista, estas tendencias parecen ser desafíos separados: el primero es externo e impuesto por la naturaleza, mientras que el segundo es interno y causado por nuestra reinvención de los procesos productivos.

De esta forma, nosotros podríamos intentar encontrar soluciones para reducir los gases de efecto invernadero, por un lado, y mitigar los impactos sociales de la economía digitalizada, por otro. Extrañamente, éstos son vistos como desafíos que han de ser abordados de manera simultánea pero diferenciada, sin necesidad de un relato común para ambos [3].

Pero las raíces de este doble desafío descansan en la misma realidad: a saber, en la industrialización, la causa original del cambio climático y la impulsora de las sucesivas olas de “revoluciones” en los modelos de producción. Por lo que, en ambos casos, hay tan sólo una pregunta a la que debemos encontrar respuesta: ¿cómo transformamos este modelo industrial para que genere riqueza (¿qué riqueza? ¿cuánta riqueza?) sin destruir el medio ambiente y la cohesión social? Porque, a lo largo de estos 200 años de crecimiento y desarrollo continuo, este modelo nunca ha mostrado que sea por sí mismo capaz de funcionar sin una extracción y consumo masivo de recursos naturales, y sin una generación igual de colosal de residuos. Echar un vistazo al 2049 significa pues tener en cuenta el futuro del modelo industrial, incluyendo la producción agrícola y el comercio internacional. Y en este vistazo hacia delante, se vislumbran tres posibles escenarios.

El primer escenario es el de la tendencia a la dependencia [4]. En otras palabras, 2049 reflejará la suma de las decisiones tomadas en el pasado, en este caso: baja ambición climática, conflictos diplomáticos, influencia decisiva de los lobbies industriales, crecimiento continuo de la desigualdad social, polarización, etc. En resumen, 2049 verá cómo el actual modelo industrial continúa dominando alrededor del planeta debido a la debilidad política (y a menudo complicidad) y a la magnitud de los beneficios en juego, sin que nosotros nunca lleguemos a poder gestionar sus externalidades negativas, excepto quizás en los márgenes. El planeta irá gradualmente cayendo en el caos socio-climático, del cual tan sólo se salvará una pequeña minoría. Gobiernos cada vez más autoritarios priorizarán la competitividad y, por encima de todo, mantendrán el modelo existente en nombre de los intereses establecidos. Este escenario puede parecer completamente irracional, pero muchos “sonámbulos”, por recordar la metáfora de Christopher Clark sobre las causas de la Primera Guerra Mundial [5], están trabajando en ello sin descanso: clases políticas miopes, lobbies atrincherados, gobiernos dispuestos a pagar cualquier precio por repuntes de una décima en el crecimiento económico, inversores deseando hacer cualquier cosa por obtener insultantes remuneraciones, multinacionales obsesionadas con maximizar el valor de las acciones y el sueldo de sus ejecutivos. En definitiva, sonámbulos que, en el mejor de los casos, son imprudentes, y, en el peor, criminales.

Un segundo escenario sería aquél en el que el modelo industrial se lograra adaptar para luchar contra el cambio climático y para mantener la cohesión social. Este escenario sería el del mal llamado “capitalismo verde”, o, mejor dicho, eco-industrialismo social: una combinación de producción industrial que genera beneficios para los accionistas, con respeto al medioambiente y fortalecimiento de la justicia social. Supuestamente, para el año 2020, nos encontraríamos en el umbral de este escenario: producción sostenible, energías renovables, reciclaje y economía circular. Pero a pesar de que el consenso parece estar próximo, esta visión continúa siendo improbable debido a que el modelo industrial todavía tiene que demostrar que puede reconciliar estos tres imperativos (el industrial, el climático y el social), y debido a que los desbalances se han resuelto casi siempre en favor de los beneficios. A día de hoy, ni la energía eólica ni la solar, ni los conceptos de desarrollo sostenible y economía circular han logrado reducir las emisiones de efecto invernadero, que continúa aumentando con el crecimiento del PIB [6]. Los únicos periodos en los que se ha observado una reducción de los gases de efectos invernadero han sido aquéllos marcados por la recesión económica: sólo ha habido dos de éstos desde el año 2000. Por estos motivos, este escenario parece poco probable a día de hoy.

El tercer escenario prevé el colapso del modelo industrial. Colapso que podría ser desencadenado por varios factores: una crisis financiera global sin precedentes y un cambio económico irreversible a medida que se reduce drásticamente la inversión; una crisis energética mundial y un alza de los precios del petróleo que harían que el funcionamiento de la maquinaria y el transporte de bienes tuvieran un coste desorbitado; recesiones prolongadas y crisis sociales y políticas. No obstante, el final de este modelo estaría acompañado del rápido desarrollo de una serie de alternativas que, a día de hoy, ya se encuentran en sus primeras etapas: resurgimiento de las cooperativas de productores, comunes, democracia energética y monedas locales; así como extensión de modelos de código abierto y de red entre pares (P2P) que reemplazaría a los oligopolios tecnológicos que surgieron a principios del siglo XXI.

Y ante estos tres posibles escenarios, ¿cuál es el futuro de los sindicatos? Para responder a esta pregunta debemos observar el modelo industrial en el que descansan los cimientos de los sindicatos. Su destino depende del futuro de este modelo. Sin embargo, y en los tres escenarios observados, los sindicatos disfrutan de un numero diferente de posibilidades.

En el primer escenario se dan dos posibilidades. Por un lado, y como posibilidad más pesimista, los sindicatos podrían llegar a desaparecer. En una sociedad crecientemente polarizada, su legitimidad como representantes de los trabajadores podría perderse en un mundo laboral profundamente diferente e inseguro. Por otro lado, y como posibilidad alternativa, los sindicatos podrían llegar a ser cómplices reticentes de un modelo destructivo que dependiera de formas de gobierno cada vez más autoritarias para lograr mantener el crecimiento.

En el segundo escenario, los sindicatos verían su rol paradójicamente fortalecido debido a la necesidad, en nombre del mantenimiento de la paz social, de abordar las preocupaciones tanto de “fin de mes” como de “fin del mundo”, como señalan los chalecos amarillos en Francia. Este escenario, que requiere la construcción de nuevas alianzas, es un verdadero desafío ya que implica reconciliar imperativos sociales (puestos de trabajo, condiciones laborales, poder adquisitivo, cohesión social y territorial), imperativos climáticos (reducción de los gases de efecto invernadero, adaptación al cambio climático, protección contra los fenómenos meteorológicos extremos) e imperativos industriales (transformación de los procesos de producción, reducción del uso de recursos naturales, reducción del transporte de mercancías, aumento del reciclaje, moderación del consumo). Pero, ¿es ello viable? ¿Puede el modelo industrial adaptarse a las limitaciones sociales y medioambientales mencionadas? En teoría, sí. No hay ningún obstáculo estructural que se lo impida. Sin embargo, la mayor dificultad en este escenario reside en persuadir a las élites económicas, financieras y políticas mundiales. Para éstos, tal situación representaría un cambio de paradigma. Lograr este objetivo requeriría así una poderosa alianza entre actores socioeconómicos, ecologistas y ciudadanos capaces de trazar un rumbo y multiplicar sus fuerzas. Perder esta batalla significaría la victoria del primer escenario.

En el tercer escenario, el del colapso del modelo industrial, se podrían dar dos posibilidades. Por un lado, que los sindicatos se vean reemplazados por nuevas formas, más flexibles y ad hoc, de organización social (la emergencia de grupos de ciudadanos, por ejemplo). Y por otro, que los sindicatos hayan logrado adaptar sus estructuras a un mundo más local, más colectivo y más participativo. Crear nuevas alianzas podría permitir a los sindicatos jugar un rol más amplio y revitalizado en nuevas áreas: bienestar colectivo, sanidad, nuevas formas de seguridad social, vivienda, formación. Este mundo se encuentra próximo al ideal cooperativo. La producción se reorganizaría con base en el modelo de los comunes y de una forma sostenible y democrática: sistemas abiertos, recursos que son compartidos y gestionados por la comunidad (la cual establece las normas de gobernanza). Este modelo ya no sería el de las grandes multinacionales y sus filiales, sino el de unidades más pequeñas que se autoorganizan en redes siguiendo el espíritu del grupo vasco Mondragón.

Para finalizar, se ha de señalar que estas tres opciones reflejan el mismo conjunto de opciones que el sugerido por el economista Albert Hirschman: los sindicatos han de elegir entre lealtad, voz o salida [7]. En primer lugar, lealtad sindical hacia el modelo industrial sonámbulo que puede acabar en derrota, o peor, en corrupción. En segundo lugar, creación de un movimiento más amplio y revitalizado (voz) para guiar y acelerar el cambio hacia un nuevo modelo eco-industrial con una fuerte dimensión social. Por último, ruptura para bien de la alianza entre industrialización y sindicalismo (salida), la cual transformaría el movimiento sindical en -o lo reemplazaría con- otras formas de organización colectiva en el marco de un modelo económico postindustrial que todavía está por inventar.

Notas

[0] El cuadro que ilustra el presente artículo (Iron Rolling Mill de Adolph Menzel) no tiene ningún propósito comercial.
[1] Christophe Degryse es jefe de la Unidad de Prospectiva del Instituto Sindical Europeo (ETUI).
[2] Luis Esteban y Rubio trabaja en la línea de economía social y solidaria de Ecooo y colabora en diversas comisiones del Mercado Social de Madrid. Es doctorando en filosofía del Derecho por la UC3M y antiguo coordinador general de EcoPolítica (2014-2018).
[3] Philippe Pochet (2017). Concilier deux futurs. Notes de prospectives, #3. Bruselas: ETUI.
[4] Paul Pierson (2000). Increasing Returns, Path Dependence, and the Study of Politics. American Political Science Review, 94(2), pp.251-267.
[5] Christopher Clark (2012). The Sleepwalkers: How Europe Went to War in 1914. New York: Penguin Books.
[6] International Energy Agency (2018). Global Energy & CO2 Status Report 2017. Available at www.iea.org/geco
[7] Albert O. Hirschmann (1970). Exit, Voice, and Loyalty: Responses to Decline in Firms, Organizations, and States. Cambridge, MA: Harvard University Press.

5 votes

Tags: , , , ,


About the Author



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Back to Top ↑