Ecofeminismo

Published on marzo 22nd, 2016 | by Marc G. Olabarría

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El patriarcado está matando nuestra Tierra. Y solo las mujeres pueden salvarla. Parte I

Por Nafeez Ahmed

Artículo publicado en The Ecologist el 13 de marzo de 2015
Traducido al castellano para EcoPolítica por Marc G. Olabarría

La epidemia global de violencia contra las mujeres y su sistemática exclusión de las estructuras del poder que nos regulan, se encuentran intrínsecamente ligadas a la violenta explotación que hacen los hombres de La Tierra y sus recursos, escribía Nafeez Ahmed. El movimiento por la salvación de La Tierra debe empezar con el empoderamiento de las mujeres – y eso significa acabar con nuestra complicidad hacia nuestra propia opresión y servilismo.

Hace una semana que fue el Día Internacional de las Mujeres, pero a pesar de la celebración y el reconocimiento de las mujeres en los medios del mundo, se atiende poco a la forma de marginación sistemática de las mujeres sobre lo que yo llamo la ‘crisis de la civilización’. Los esfuerzos de la ONU y otras agencias para resaltar la centralidad de las mujeres en la lucha contra el cambio climático son loables, pero no llegan lo suficientemente lejos para hacer frente a todas las instituciones y estructuras dominadas por hombres que son directamente responsables del desempoderamiento de las mujeres.

¿Una crisis o muchas?

Las crisis globales que estamos sufriendo a día de hoy son innumerables, pero su naturaleza disparatada es ilusoria. Cuando profundizamos, esas aparentemente diferentes crisis sobre el cambio climático, volatilidad energética, escasez alimentaria, ruptura del sistema económico y conflictos violentos, no son factores alejados. Más bien, son síntomas interconectados inherentemente de un problema global mucho mayor.

Fundamentalmente, todas estas crisis surgen por una globalización del sistema que, poco a poco, va aumentando la violación de los límites naturales de nuestro mundo. La clase social global industrializada y rica está sobreacumulando e hiperconsumiendo los recursos y materiales planetarios básicos; quemando en el proceso masivas cantidades cada vez más caras de estos recursos y sucios combustibles fósiles; tirando sin precedentes cantidades de residuos y carbón al medioambiente de una forma desestabilizante para los ecosistemas; e irónicamente, progresivamente aumentando el coste de la vida y socavando nuestra capacidad para continuar en tales vastos niveles de hiper-consumo.

Esto está fomentando desigualdades de forma global, generando mayor pobreza e incapacitación, mientras disminuye la capacidad de los estados de continuar dando cobertura a los servicios públicos. Esto a su vez agrava la insurrección civil, y en algunos casos, facilita el estallido de guerras civiles e internacionales. Nuestra convencional perspectiva de estas crisis como alejadas entre sí, es en sí mismo un síntoma de una crisis epistemológica, que radica en nuestra fragmentada visión de la vida y la naturaleza. Por la propia energía, la economía y el medio ambiente no se encuentran alejados. Son meras abstracciones conceptuales que hemos creado para comprender cuestiones que están completamente entrelazadas.

Nuestra visión del mundo, fragmentada y reduccionista, juega un gran papel en esto. Nuestras ciencias no sólo se encuentran muy especializadas de forma que carezcamos de una perspectiva holística donde unamos los puntos entre la física, la biología, la sociedad, el medioambiente biofísico, la economía, la cultura y tantas otras cuestiones; esta incapacidad de ver el todo por la parte significa que no sólo se encuentra obstaculizada nuestra comprensión del mundo, sino que también lo está nuestra habilidad para responder a las crisis que ocurren cada vez con mayor celeridad.

Con respecto a la ‘crisis de civilización‘, el reduccionismo fragmentado provoca que nos veamos a nosotras mismas no como insertados en el mundo natural, sino como maestros supremos de la naturaleza misma. Así que bajo una doctrina neoclásica, ahora neoliberales económicos, hemos deificado un ilusiorio y ‘empíricamente demostrado‘ argumento de crecimiento material sin fin, a pesar de ser literal y físicamente imposible. Hemos subordinado al mundo natural de una forma absoluta, incluyendo virtualmente todas las entidades con y sin vida del planeta, bajo los dictados incuestionables de ‘los mercados’. Esto ha conducido a la mercantilización de completamente todo y la proyección de una cultura auto-perpetuada de consumismo masivo que refuerza nuestra adicción al crecimiento ilimitado, tanto como nuestra ceguera hacia la trayectoria suicida que está generando.

Esta separación entre seres humanos y el orden natural se refleja en las dinámicas internas del sistema global: el aumento de la brecha entre ricos y pobres; el ensanchamiento de la hostilidad entre musulmanes y ‘no-musulmanes’; las profundas divisiones entre blancos y ‘no-blancos’; y por supuesto, las persistentes desigualdades del poder entre hombres y mujeres. En todos estos casos, podemos ver que nuestro implacable saqueo de nuestros propios ecosistemas de sustento de vida a nivel planetario, se correlaciona con nuestra enervante tendencia a dividir, excluir y ‘otredizar’, generalmente a través de vías que son tan insidiosas que encontremos difícil, incluso doloroso, reconocer este tipo de procesos. Pero hasta el día de hoy, uno de los procesos más desatendidos de nuestro presente es el patriarcado.

En el cambio climático interviene el género

Los desastres naturales que resultan del cambio climático están en aumento. El número de desastres entre 2000-2009 se ha triplicado comparado al periodo 1980-1989, la mayor parte debido a sucesos climáticos. Con todo, muchas de las víctimas de esos desastres son invariablemente mujeres.

De media, los desastres naturales matan constantemente más mujeres que hombres, en algunos casos con un 90% de desgracia femenina. Según representantes de la ONU, las mujeres hacen frente a un riesgo mortal por desastres naturales 14 veces mayor. Las mujeres también sufren desproporcionadamente más por las secuelas de dichos desastres, aumentando las amenazas de asaltos sexuales, pervirtiendo niñas que esperan para ir al colegio, etc. Puede haber muchas razones para una mayor vulnerabilidad: menos oportunidades económicas, menor acceso a tecnologías como móviles (con menor probabilidad de recibir alertas a tiempo), menor libertad de movimiento por clase social, etc.

De este modo, una de las principales razones de que el cambio climático afecte desproporcionadamente a las mujeres es porque éstas ya están de por sí marginadas. Esto implica que el impacto del cambio climático en condiciones de climas extremos, ausencia de agua y cultivos empobrecidos, dañan sobre todo a las mujeres.

En la pobreza interviene el género

Una de las más claras manifestaciones del desempoderamiento sistemático de las mujeres es la pobreza. Casi mil millones de personas viven por debajo del umbral de pobreza, definido por el Banco Mundial como un límite de ganancias de 1.25 dólares al día. Según este límite, los ingresos anuales de las 50 personas más ricas del mundo se encuentran cercanos a la suma de los ingresos totales de esas mil millones de personas de la base. De los mil millones de seres humanos más pobres, según el informe del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) de 1995, el 70% son mujeres.

Debido a la cantidad limitada de datos y a la escasez de una investigación que aún persiste, no está del todo claro cómo ese porcentaje cambia hasta nuestros días. Pero es indiscutible que las mujeres se encuentran ampliamente peor a nivel económico que los hombres en el mundo ‘menos desarrollado’. Realmente los niveles de pobreza son mucho mayores de los que se estiman convencionalmente. En el informe de 2013 al secretario general de la OCDE, por ejemplo, el economista de la Universidad de Gottingen, Stephen Klasen, descubrió que el límite de [dolar/día] se encontraba alcanzando el umbral de su utilidad y relevancia.

Esto es debido parcialmente al aumento del número de personas pobres en países de ‘ingresos medios’ – donde la consumición per cápita y los límites de pobreza nacional se encuentran sustancialmente por encima de 1.25 dólares al día. En un reciente estudio, el economista coordinador del Banco Mundial Kaushik Basu, admitió que se criticaba ampliamente como ‘chocantemente deficiente’ la definición del Banco Mundial de pobreza. Del mismo modo que éste no ha hecho nada para remediar su sospechosa definición. Esta omisión permite al Banco Mundial pregonar que de esta forma, millones de personas que han superado ese límite, ahora pueden ser tratadas como aquellas que han logrado escapar de la pobreza, incluso cuando han permanecido en realidad empobrecidas.

Kaushik Basu también condena la persistencia de la pobreza como un ‘fracaso colectivo’. Éstas pretenden ser palabras vigorosas, pero ocultan el hecho de que culpando a todo el mundo, al final no está culpando a nadie. En realidad, este ‘fracaso’ puede ser atribuido muy especificamente e incondicionalmente a las políticas neoliberales del propio Banco Mundial. Las políticas neoliberales han provocado que se fuerce a los estados para que recorten en sanidad, educación y otros servicios públicos; desgarrando países hacia la veloz privatización y las inversiones extranjeras; y consecuentemente, incrementando aceleradamente la deuda pública y gubernamental. Invariablemente, el impacto se ha procurado para retrasar el crecimiento real, según un informe de la ONU, y “reducir el progreso de todos los indicadores sociales que estén disponibles para medir el éxito mismo del sistema sanitario y educativo”.

Valentine Moghadam, coordinador de ‘Igualdad de Género’ en la sección de Derechos Humanos de la UNESCO, discutía que “la naturaleza inductora a la pobreza propia de la ideología neoliberal ha sido especialmente grave en las mujeres.” Es ‘indudable’ que las mujeres luchan desde una “posición de desventaja” en la que “las mujeres dentro del umbral de pobreza ven negados doblemente sus derechos humanos – primero debido a la desigualdad de género, segundo debido a la pobreza”. Del mismo modo, a pesar de trabajar más duramente que los hombres – realizando hasta el 70% de las horas mundiales de trabajo – las mujeres solo ganan un 10% de los ingresos mundiales, y aproximadamente la mitad de lo que los hombres ganan.

La desventaja económica de las mujeres suele significar que son socialmente más vulnerables, y por ello más fácilmente víctimas de condiciones laborables de explotación, y otras formas de violencias basadas en el género. Todo esto implica que con un cambio climático que exacerba las condiciones que conducen a la pobreza, las mujeres se encuentran posicionadas en el extremo receptor.

‘El patriarcado está matando nuestra Tierra. Y solo las mujeres pueden salvarla’ Parte II

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Activista LGTB+, animalista, cosmopolita, republicano, laicista, ecologista, feminista y agnóstico. Coordinador del Área de Diversidad Sexual y de Género de EcoPolítica.



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