Ecofeminismo

Published on Marzo 28th, 2016 | by Marc G. Olabarría

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El patriarcado está matando nuestra Tierra. Y solo las mujeres pueden salvarla. Parte II

Por Nafeez Ahmed

Artículo publicado en The Ecologist el 13 de marzo de 2015
Traducido al castellano para EcoPolítica por Marc G. Olabarría

‘El patriarcado está matando nuestra Tierra. Y solo las mujeres pueden salvarla’ Parte I

En la comida y el agua interviene el género

Lejos de ser simples víctimas lejanas, las mujeres permanecen siendo absolutamente imprescindibles para con la posibilidad de un cambio social positivo en este tipo de circunstancias, debido a su rol crítico en la administración de los recursos naturales. Como principales recolectoras de combustibles y agua para sus familias, principales cuidadoras en cuestiones de utilización de energía para preparar la comida, principales dentro de la crianza de su descendencia y cuidado de las personas enfermas, las mujeres están al frente en el sustento de la salud, prosperidad y bienestar de sus comunidades.

Numerosos estudios muestran que el cambio climático nos conducirá al aumento de sequías, de la erosión del sistema costero, de la acidificación del océano, de la destrucción de la biodiversidad, del aumento del nivel del mar y aumento del cambio de las estaciones en las próximas décadas. Como consecuencia, el calentamiento global intensificará la escasez de agua y socavará los sistemas alimentarios para millones de personas, la mayor parte en los países del ‘Sur global’. Esto significa que las mujeres, que son la llave de las provisiones de agua y comida, son de las más afectadas por las crisis hídricas y alimentarias que se están recrudeciendo por el cambio climático.

En conjunto, las mujeres ingresan entre un 30% y un 80% de los ingresos de los hombres anualmente. De los 743 millones de adultos analfabetos en el mundo, 2/3 partes son mujeres. Y son ellas quienes abarcan la mitad de la fuerza en el trabajo agricultor de los países menos ‘desarrollados’, pero solo son propietarias de entre el 10% y el 20% de las tierras. También es frecuente que las mujeres recorran amplias distancias cada día, generalmente solas, en busca de agua. En su quehacer, también son personas más vulnerables a los problemas de salud y a los ataques en su contra.

Dentro de todo, el cambio climático está produciendo que las mujeres sean más pobres, erosionando sus oportunidades económicas, debilitando su acceso al agua y a la comida, y haciéndolas más vulnerables a su explotación. Esto repercute de forma negativa y desgasta su integridad, su sororidad y la sostenibilidad de las familias y las comunidades que soportan.

En la violencia interviene el género

Otro de los mayores impactos del cambio climático, por supuesto, es su capacidad de acelerar las inestabilidades y los conflictos mientras que los gobiernos, empeñados en los negocios de siempre, hacen frente al aumento de la escasez de recursos que no pueden contener. Muchos estudios prueban una correlación definitiva entre la aceleración del reciente cambio climático y la frecuencia de los conflictos violentos. Pero las mayores víctimas del conflicto son mujeres y niños, tanto en cuestiones de la utilización sistemática de violencia sexual como una táctica de guerra, como siendo objetivos esenciales en los ataques indiscriminados a civiles. La violencia contra la mujer tiende a tener un pico ascendente durante los conflictos violentos y los disturbios civiles. “Ahora es más peligroso ser una mujer que ser un soldado en un conflicto”, decía el General de División Patrick Carnmaert, excomandante de Operaciones de Mantenimiento de Paz miembro de la ONU.

Todavía el cambio climático no exacerba los conflictos de por sí. En 2010, un estudio de los conflictos en África a cargo del PNAS por sus siglas en inglés (Proceedings of the National Academy of Sciences) destacaba que la forma en la que el cambio climático incidía sobre la sociedad dependía de las políticas locales, de la economía y de la cultura. La principal razón por la que los países africanos son tan profundamente vulnerables a disturbios civiles y conflictos violentos, según el estudio de PNAS, es por la forma en la que sus estructuras sociales han sido desenmarañadas bajo el impacto de las reformas neoliberales capitalistas impuestas por el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial, entre otros factores.

Lejos de seguir el sendero hacia el ‘desarrollo’, los esfuerzos para integrar África en los circuitos de las depredadoras finanzas globales han devastado ampliamente sus sociedades, aumentando progresivamente el porcentaje de mortalidad infantil, aumentando las desigualdades y atrincherando a los estados africanos en deudas insosteniblemente multimillonarias. La reestructuración neoliberal ha conseguido crear la nueva economía de la guerra en el Sur global, disgregando las comunidades e incentivando los antagonismos étnicos y tribales. El resultado de la brecha social permite la aparición de extremismos mientras la población se aferra a esas costumbres, identidades y creencias en la búsqueda de la seguridad certera. Y una vez más tiende a acechar primero a las personas más vulnerables, especialmente mujeres y niños, en forma de crímenes culturalmente sancionadores como matanzas por honor, mutilación genital femenina, matrimonios forzados, etc.

Los documentos secretos del Banco Mundial que se filtraron hace unos años muestran que las instituciones financieras se encuentran absolutamente prevenidas de este gran impacto desestabilizador de las estructuras neoliberales. De las estrategias de apoyo a países del Banco Mundial para Ecuador en el 2000, por ejemplo, se predijo correctamente que las reformas propuestas provocarían ‘disturbios sociales’. Esto fue parte de un patrón mayor. Como proyectaba Joseph Stigitz, execonomista jefe del Banco Mundial, las reformas neoliberales de privatización y liberalización condujeron todas con demasiada frecuencia a lo que se llamó “los disturbios del FMI”. Un capitalismo global fuera de control está profundizando, en consecuencia, en el empobrecimiento y la disgregación social que estimulan esos conflictos y el desorden, donde las mujeres son de las que más sufren.

Violaciones, buenas para los negocios

Dada esta situación, es muy importante el rol que juega el comercio internacional de armas pequeñas. Sarah Masters, coordinadora de la red de mujeres de la Red de Acción Internacional sobre las Pequeñas Armas, señala que sin la proliferación masiva de armas ligeras y pequeñas, los abusos y las violaciones a mujeres en una “tan amplia escala dentro de los conflictos del mundo” no podría ser simplemente posible.

Las pequeñas armas no están ligadas simplemente a las violaciones y otras formas de abusos sexuales, sino que también a los secuestros y a esclavitudes y prostituciones forzadas. Pero el comercio de armas ofrece unas sustanciales ganancias para las estructuras de la industria militar por parte de las regiones occidentales. Los mayores países exportadores de pequeñas armas son Estados Unidos, Italia, Alemania, Austria, Suiza, Rusia, Francia, Bélgica y España, entre otros. La totalidad del valor del comercio de pequeñas armas se encuentra cercano a los 8.500 millones de dólares cada año.

Esta es una mera fracción del comercio de armas más general, donde las mayores compañías obtienen entorno a 395.000 millones de dólares cada año. Las principales intervenciones en Iraq y Afganistán han incrementado significativamente los beneficios de ese ‘servicio’ de defensa. En conjunto, las empresas de EEUU representan casi el 60% de las mayores 100 compañías, estando ‘Lockheed Martin’ y ‘Boeing’ en primer y segundo lugar, seguidos en el tercero por ‘Britain’s BAE Systems’.

Pero mientras que las empresas de defensa arrasan en dinero, el impacto sobre el terreno ha sido devastador: este es el círculo vicioso del capitalismo neoliberal. Las reformas del Banco Mundial y el FMI disgregan las sociedades y aceleran los conflictos mientras abren los países a inversores extranjeros, mientras las compañías armamentísticas arrementen para hacer una asesina venta de armas a todos los bandos dentro del torbellino del conflicto. Mientras tanto, las violaciones y abusos contra mujeres se vuelven endémicos.

Desde los países sujetos a intervención y ocupación occidental como Iraq, Afganistan y Palestina, a regiones menos desarrolladas como África, la violencia en contra de las mujeres se ha afianzado y vuelto endémica de forma transversal a todas las esferas de la vida. Bajo el régimen de ocupación estadounidense en Iraq, por ejemplo, las mujeres se encuentran entre las más afectadas por la creciente violencia basada en el género, infraestructuras inadecuadas, exclusión política y pobreza. Y contra todo pronóstico, son las mujeres iraquíes quienes están al frente de su propio activismo feminista en las estructuras organizativas civiles y en movimientos sociales.

Lo que lo hace peor es el hecho de que la violencia contra las mujeres también es endémica fuera del conflicto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) descubrió en 2013 que el 35% de las mujeres del mundo habían experimentado violencia física y/o sexual tanto de personas conocidas como desconocidas. Del mismo modo, una de cada tres mujeres del mundo que habían estado en una relación sentimental habían sido sujetos de violencia física y/o sexual de su propia pareja.

Para evitar el asumir que esto es una situación exclusiva de países no occidentales, un amplio y reciente estudio de la Unión Europea mostraba de que una de cada tres mujeres por encima de los 15 años (en Europa) había padecido algún tipo de violencia física y/o sexual. La prevalencia es similar en EEUU, con una de cada tres mujeres habiendo padecido violencia doméstica (en el hogar), y habiendo sido violada una de cada cinco.

‘El patriarcado está matando nuestra Tierra. Y solo las mujeres pueden salvarla’ Parte III

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Activista LGTB+, animalista, cosmopolita, republicano, laicista, ecologista, feminista y agnóstico. Coordinador del Área de Diversidad Sexual y de Género de EcoPolítica.



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