Energía y Medio Ambiente

Published on Mayo 15th, 2017 | by EcoPolítica

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La producción alimentaria en Europa: tiempo de mirar hacia adelante

Por Francesco Ajena [1]

Artículo original publicado en el Green European Journal el 21 de febrero de 2017
Traducido al castellano para EcoPolítica por el propio autor

En los últimos 50 años se ha producido una revolución en las prácticas y en la producción agrícola, que ha causado un impacto negativo creciente en el medio ambiente. Europa tuvo un papel clave en esta revolución y, hoy día, desempeña un papel fundamental para la promoción de un cambio. Los actuales debates sobre la reforma de la PAC pueden convertirse en un hito para la construcción de un sistema de producción alimentaria sostenible y coherente. La agroecología es el camino a seguir para lograr la seguridad alimentaria en Europa y en el resto del mundo, preservando al mismo tiempo los bienes comunes globales y construyendo un sector primario europeo sano y sostenible.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa pasó un período de cambio, expansión económica y gran preocupación, sobre todo acerca de la capacidad del mundo a alimentarse. En esta época, los problemas de pobreza y hambre se consideraban principalmente como problemas de falta de producción.

La necesidad de reconstruir el continente europeo y de alimentar a su población, fue facilitada para un extraordinario salto tecnológico en el sector agrícola. La adopción generalizada del paradigma de la “revolución verde” condujo a aumentos importantes en la producción de alimentos. La combinación de fertilizantes químicos, tractores, variedades de cultivos de alto rendimiento y pesticidas, llevó la producción a niveles sin precedentes.

En 1960, la población de Europa sumaba 406,7 millones de personas; en 1990, había aumentado en más de 68,5 millones (16,8%). En el mismo período, según datos de la base de datos estadísticos corporativos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAOSTAT), la producción de cereales se duplicó.

I. Europa y la Política Agrícola Común (PAC)

El marco principal de la política europea sobre la agricultura es la PAC, introducida en 1962. La PAC es una política reguladora que Europa nunca se atrevió a poner en marcha en otros sectores – un ejemplo sin precedentes de intervención en la regulación de mercados y en la protección de un sector económico. En su primeras décadas, la PAC contribuyó a reforzar la condición de los agricultores europeos. Dio al sector primario de la UE la oportunidad de reconstruirse después de la guerra, evitando la intervención del capital privado.

Por otro lado, la PAC ha desempeñado un papel fundamental en el establecimiento de un sistema agrícola profundamente injusto. Aproximadamente el 38% del presupuesto de la UE (equivalente al 0,4% del PIB de la Unión) se destina actualmente a agricultura. Una pregunta inmediatamente viene a la mente: ¿quién se beneficia más de todo este dinero?

En primer lugar, los agricultores de los 15 Estados miembros más antiguos de la UE se benefician mucho más de la PAC que los nuevos miembros. Los grandes agronegocios y los grandes propietarios de tierras reciben más de la PAC que los pequeños agricultores de Europa. Alrededor del 80% de la ayuda agrícola va a los bolsillos de una cuarta parte de los agricultores de la UE; aquellos con mayores ingresos. Por buenas razones, los subsidios de la PAC han sido acusados de perpetuar el actual y obsoleto sistema de producción de alimentos.

Dado que las ayudas monetarias de la PAC son directamente proporcionales a la producción, esta política fomenta una sobreproducción de alimentos en Europa debilitando los esfuerzos para resolver los problemas de seguridad alimentaria y cambio climático.

II. Mejora de la producción: ¿cual es el precio que pagan los bienes comunes globales?

El crecimiento de las emisiones de CO2 es una de las muchas desventajas que la adopción de un paradigma centrado en la producción ha llevado de por sí. Muchos más, incluyendo el socavamiento de los bienes comunes mundiales como el agua, la biodiversidad, la tierra y el suelo, han surgido.

De 1961 a 1990, las emisiones de CO2 causadas por la agricultura en la Unión Europea (UE) han crecido en un 26,4%. Hoy día, las actividades agrícolas en la UE-28 generan alrededor del 10% de las emisiones totales de los gases de efecto invernadero de la Unión.

El aumento del consumo de productos animales fue una de las consecuencias del bienestar recuperado después de la guerra. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en los últimos cincuenta años, la producción mundial de carne se cuadruplicó, a un coste muy elevado. En primer lugar, en relación con los cereales, donde se necesitan de 7 a 10 kilogramos de cereales para producir un kilogramo de carne. En segundo lugar, en términos de tierra, donde las tres cuartas partes de la superficie agrícola de la UE se dedican hoy día a la alimentación animal. En tercer lugar, en términos de agua, donde se necesitan entre 5.000 y 20.000 litros de agua para producir 1 kilogramo de carne, en comparación con la cantidad mucho menor (500 a 4.000 litros de agua) necesaria para producir un kilogramo de trigo.

De hecho, en un mundo donde 663 millones de personas no tienen acceso al agua potable, la agricultura industrial ha contribuido en gran medida a empeorar el problema. En Europa, el 44% de la extracción total de agua se utiliza para la agricultura.

En los últimos 100 años, se ha perdido alrededor del 75% de la diversidad genética vegetal, como consecuencia del abandono de múltiples variedades locales a favor de variedades genéticamente uniformes y de alto rendimiento. Hoy día, el 75% de la producción mundial de alimentos se genera a partir solamente de doce tipos de cultivos y de cinco especies de animales.

La agricultura es también un gran usuario de tierra. Las tierras agrícolas abarcaron el 43,5% del total de la superficie europea en 2012. Europa pierde 970 millones de toneladas de suelo cada año a razón de la destrucción de los hábitats naturales para establecer monocultivos intensivos. Aproximadamente el 11,4% del territorio de la UE se ve afectado por una erosión del suelo, que va de moderada a elevada.

A pesar de todo esto, algunos pueden pensar que este ha sido un precio razonable a pagar para lograr un objetivo valioso: la seguridad alimentaria.

III. ¿Se ha logrado la seguridad alimentaria?

La respuesta a la pregunta es, lamentablemente, no. El 5% de la población europea es afectada de malnutrición mientras en el resto del mundo unos 795 millones de personas todavía no tienen una alimentación suficiente para llevar una vida sana y activa. La FAO calcula que alrededor de la mitad de las personas que pasan hambre en todo el mundo pertenecen a pequeñas comunidades agrícolas. Hoy, la causa más importante del hambre en el mundo es la insuficiencia de ingresos para los agricultores.

Y Europa tiene mucha responsabilidad en esto. Las políticas agrícolas europeas debilitan la agricultura a escala mundial. De hecho, a través de la exportación de productos subvencionados (la UE representa el 17% de las exportaciones agrícolas mundiales), Europa está llenando de sus productos los países del tercer mundo, afectando seriamente los ingresos de estos agricultores.

Pero hay algo más que decir. Al hablar de seguridad alimentaria, debemos tener en cuenta que la producción de alimentos ya no es el problema. En realidad, actualmente estamos produciendo mucho más de lo que necesitamos. Esto es aún más evidente cuando se considera que, cada año, un tercio de la producción mundial de alimentos se echa a perder. Actualmente se está utilizando un área mayor que China para producir alimentos que en última instancia no se consumen.

Esta noción deprimente confirma que nuestro actual sistema agrícola es altamente insostenible y obsoleto. En el año 2017, seguimos confiando en un paradigma derivado de la Segunda Guerra Mundial, en el que la agricultura se reduce a una sola función: la producción.

IV. ¿Hay alguna alternativa?

Sí, la hay. Y aquí llegamos a la mejor parte. Alrededor de la década de 1970, mientras el mundo estaba preocupado por la industrialización de la agricultura, empezaba a definirse una nueva forma de cultivar alimentos de manera sostenible: la agroecología. Este término incorpora la noción de un enfoque de la agricultura mas centrado en el medio ambiente y en la dimensión social. Un enfoque que se centra no solamente en la producción, sino también en la sostenibilidad ecológica y social del sistema de producción.

La agroecología cuenta con el apoyo de muchos académicos, agricultores y organizaciones, entre ellos las Naciones Unidas (ONU), la FAO, Amigos de la Tierra, la Fundación Internacional para la Agricultura Orgánica (IFOAM), Oxfam y muchos más. En 2010, Olivier de Schutter – quien era, en ese momento, Relator Especial sobre el derecho a la alimentación de las Naciones Unidas – publicó un informe que identificaba la agroecología como la forma primaria de garantizar la seguridad alimentaria y la preservación de entornos vulnerables.

En 2002, Miguel Altieri, padre de la agroecología moderna, definió claramente los cinco principios que caracterizan un sistema agroecológico:

  • Reciclar biomasa y equilibrar los flujos y la disponibilidad de nutrientes;
  • Asegurar condiciones favorables del suelo para el crecimiento de las plantas aumentando el aporte de materia orgánica;
  • Minimizar las pérdidas de radiación solar, agua y nutrientes mediante el manejo del microclima y a través del acolchado, y practicando la recolección de agua;
  • Mejorar la diversificación biológica y genética en las tierras de cultivo;
  • Mejorar las interacciones biológicas benéficas entre cultivos y minimizar el uso de pesticidas.

Mediante la aplicación de estos principios, sin duda, resolveríamos muchos de los problemas expuestos anteriormente.

La agroecología pone el énfasis en el apoyo a las economías alimentarias locales, a la creación de empresas locales, a la creación de puestos de trabajo altamente cualificados y al desarrollo local. Más importante aún, involucra a los ciudadanos y a las comunidades, que pueden tomar parte en las decisiones sobre cómo se producen y consumen los alimentos y cómo se manejan los recursos naturales en su región.

De hecho, la agroecología no es sólo un movimiento agrícola y ambiental, sino que también tiene un componente profundamente social. Se basa en la idea de que los recursos naturales, incluyendo la tierra, las semillas, el ganado, el agua, la biodiversidad y el conocimiento (los bienes comunes globales) sean una propiedad compartida de la humanidad. Agroecología implica un cambio de poder de los operadores privados hacia las comunidades locales, para administrar los bienes comunes de una manera democrática y eficiente. La gestión de estos recursos mediante un control colectivo y democrático es la forma de crear un sistema alimentario sostenible a largo plazo y evitar un desastre ambiental causado por la agricultura.

Aunque la superficie de cultivos orgánicos de la UE represente solamente el 6,2% de la la superficie agrícola total, el sector orgánico se ha desarrollado rápidamente en los últimos años. Durante el período 2009-2015, creció un 30% en la UE-28.

En todos los países europeos se pueden encontrar proyectos innovadores que tratan de reconectar a los productores y consumidores mediante la promoción del paradigma agroecológico. Éstos incluyen cadenas de suministro cortas, redes de alimentos alternativos, sistemas agrícolas locales, agricultura urbana y mucho más.

Sin embargo, sin el apoyo del nivel político, estas alternativas seguirían siendo brotes aislados sin ninguna posibilidad de convertirse en un paradigma ampliamente adoptado. Actualmente, tanto a nivel nacional como europeo, existe una falta de voluntad política, de marcos regulatorios e incentivos económicos apropiados para impulsar un cambio hacia un sistema de producción de alimentos sostenible.

V. Esperando una verdadera reforma

La reforma de 2013 de la PAC para el período 2014-2020, que entró en vigor en 2015, fue un primer paso en esta dirección. Se incluyó un componente de “ecologización” de los pagos directos para apoyar las medidas ambientales. De acuerdo con este nuevo elemento, las acciones que aborden los objetivos de la política climática y medioambiental tienen prioridad en la concesión de subsidios. Los planes iniciales de la Comisión Europea fueron un paso positivo hacia la sostenibilidad en la agricultura.

Sin embargo, la reforma de la PAC resultó ser lo de siempre, con muy poca reforma real. El componente de ecologización fue ineficaz: a pesar de la asignación del 30% del presupuesto de pagos directos, la reforma ha dado lugar a un beneficio ambiental muy limitado. Las medidas de “ecologización” no fueron aplicadas por la mayoría de las explotaciones. En un informe de evaluación de la ecologización de la PAC del 29 marzo de 2017, la Comisión misma admitió que “hubo pocos cambios, tanto en la forma en la que las autoridades nacionales aplican el sistema como por parte de los agricultores”.

A día de hoy, ya se han iniciado conversaciones sobre una posible reforma de la PAC actual. Los miembros del Parlamento Europeo iniciarán las conversaciones al respecto después de 2020. La cuestión central en el debate es el futuro de los pagos directos (72% del presupuesto de la PAC) y como hacer la PAC mas sostenible. Igualmente, la Comisión ha intentado involucrar a todo los interesados, habilitando un formulario en la web para recoger las diferentes opiniones de la sociedad civil sobre las expectativas de la nueva reforma. Los resultados serán hechos públicos próximamente[2].

La introducción de una disposición más clara y más estricta que fomente la adopción de un paradigma agroecológico sería el camino a seguir para una nueva PAC verdaderamente “verde”. Los pagos directos tienen que vincularse a la adopción concreta de prácticas sostenibles, más que a la producción. La Comisión Europea debe establecer un seguimiento estricto y coherente para supervisar la evolución de una transición hacia una producción sostenible.

Pero los pagos no pueden ser la única herramienta. Una reforma de la PAC no tiene sentido si no pensamos en reformar nuestros regímenes alimenticios y a toda la industria alimentaria. Para tener un claro impacto en la forma en la que la agricultura afecta al medio ambiente y a nuestros bienes comunes, tratando de conseguir una seguridad alimentaria, necesitamos ir más allá de la PAC y tratar de crear un sistema más armonizado que tome en consideración todos los niveles de producción y consumo de alimentos. Una política alimentaria común, apoyada por el Panel Internacional de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPESFood), podría ser la solución a largo plazo para la construcción de un sistema alimentario adecuado y sostenible para Europa. Como suele suceder en la historia de nuestro continente, la solución radica siempre en una integración más profunda.

Los desafíos sin precedentes a los que se enfrenta la agricultura – incluyendo el crecimiento demográfico, el cambio climático, la escasez de energía, la degradación de los recursos naturales y la globalización de los mercados – hacen hincapié en la necesidad de repensar las políticas en Europa. Seguir como siempre no es una opción; Europa necesita mirar hacia el futuro.

Notas

[1] Francesco Ajena es politólogo y experto en agroecología.
[2] Por los resultados preliminares se puede seguir este enlace: https://ec.europa.eu/agriculture/sites/agriculture/files/consultations/cap-modernising/factual_report_public_consultation_modernising_and_simplifying_the_cap_final.pdf

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One Response to La producción alimentaria en Europa: tiempo de mirar hacia adelante

  1. Ignacio says:

    Excelente articulo! La Agricultura va a ser probablemente el tema medioambiental más importante con el que nos tendremos que enfrentar como sociedad. Dentro de 5-10 años la Agricultura va a representar para el ecologismo lo que hoy es digamos el Cambio Climático. Es hora de empezar a actuar ya mismo!

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