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Published on enero 22nd, 2017 | by EcoPolítica

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Pensamiento crítico: la necesidad de transformar las relaciones sociopolíticas de dominación. Parte I

Parte I. El capitalismo: un sistema violento

Por Cayetano Villegas García [1]

Decía Paulo Freire [2] que enseñar a leer las palabras dichas y dictadas es una forma de mistificar conciencias, despersonalizándolas en la repetición como una técnica de propaganda masificadora. Han sido muchos los individuos que a lo largo de la historia se han revelado en contra de la propaganda simiente del pensamiento único. Han sido muchos, a su vez, los que han guiado a la masa desfavorecida en el camino de su liberación y por ello han pagado un alto precio, tanto por parte de su verdugo, como por parte de las víctimas a las que defendían: Nelson Mandela, Mahatma Ghandi, George Fox y los cuáqueros, David Thoureau, Martin Luther King, las suffragettes, entre otros personajes conocidos y anónimos, eligieron la revolución no violenta como forma de vida y por ello sufrieron la incomprensión y la represión estructural del Estado. Este artículo no versa sobre estos personajes y tampoco pretende ser una revisión histórica, simplemente trato de hacer un ejercicio de comprensión del aquí y el ahora. Aquello que nos configura como individuos y como sociedad tiene que ver, en gran parte, con las decisiones que se tomaron en el pasado. Desvelar como se construyó el presente es una necesidad para entender el entramado que lo sostiene. ¿Por qué el mundo en el que vivo tiene esta forma y contenido? La reflexión sistemática es condición sine qua non para transformar lo injusto y enfrentar el status quo. En esta tesitura, unos eligen la revolución violenta y otros eligen la revolución pacífica y cultural. Como bien dice Jesús Castañar [3]:

Las revoluciones rápidas, aunque puedan lograr cambios políticos que supongan un incremento de libertades imprescindible, pueden adolecer de no transformar la cultura política o las relaciones sociales de dominación, no evitando que los grupos de interés sigan controlando la sociedad como antes de la movilización.

El capitalismo es un sistema que se ha configurado durante los últimos tres siglos en torno al discurso falaz de la libre competencia y la igualdad de oportunidades. La realidad es muy distinta si indagamos en los hechos consumados. La libertad de competencia está sólo en manos de los que más riqueza atesoran y la igualdad de oportunidades es tan sólo un argumento auto-justificativo que el propio sistema se encarga de que no se haga efectivo. En su versión más dañina y actualizada tenemos el neoliberalismo, un sistema despiadado gestionado por personas y organizaciones cuyo único propósito es acumular capital a costa de lo que sea y de quien sea. En el sistema neoliberal está el origen de las guerras por los recursos naturales, las dramáticas crisis migratorias, la destrucción del planeta o las muertes por pobreza energética entre muchas otras situaciones, que por sutiles, necesitan de un profundo ejercicio de concientización. Por ello, como anteriormente he dicho, no pretendo hacer una revisión histórica, sino desenmascarar las sinergias violentas que subyacen en el sistema para incitar al lector a que realice una pequeña revolución pedagógica. Pequeñas revoluciones educativas conformarán la gran revolución cultural que necesitamos.

1. El origen de la globalización

Y entonces, los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar y le hundieron los dientes en la garganta a América Latina en busca de yacimientos de oro y plata.

Hoy día, América Latina continúa al servicio de las necesidades ajenas, como fuente de reserva del petróleo y el hierro, el cobre y la carne, las frutas y el café, las materias primas y los alimentos con destino a los países ricos que ganan consumiéndolos mucho más que América Latina produciéndolos.

Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha transmutado siempre en capital europeo, más tarde en americno, y como tal, se ha acumulado en los lejanos centros de poder. La historia del subdesarrollo de América Latina es la historia del desarrollo del capitalismo mundial (Galeano, Eduardo, 1971 [4]).

Probablemente algunos establezcan el nacimiento del actual orden económico mundial en fechas bastante posteriores a la colonización de América, pero lo cierto es que el discutido desembarco de la expedición capitaneada por Cristóbal Colón en una isla de las Bahamas llamada Guanahaní, inicia una etapa de expolio, muerte y esclavitud en el viejo continente, que cambiaría para siempre el curso de la historia.

Tanto es así, que los beneficios de las élites de la época, como resultado de la explotación de los recursos naturales y de la fuerza del trabajo esclavo, permitieron impulsar la Revolución Industrial en el Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XVIII, extendiéndose después a gran parte de Europa occidental y Norteamérica. Para entonces, siglo XIX, los españoles y portugueses, no solamente habían cometido actos de barbarie, sino que en un ejercicio de torpeza habían dilapidado sus fortunas. La cultura comercial de los ingleses permitió que Reino Unido se convirtiera en centro neurálgico de la Revolución Industrial, impulsando un complejo entramado de relaciones comerciales a nivel mundial en continua expansión y transformación a lo largo de los siglos venideros. Las raíces de la globalización son bastantes profundas, aunque ha sido en los últimos 40 años cuando el ente neoliberal ha tenido la eficaz habilidad de filtrar sus principios más ortodoxos, autoproclamándose dueño y gestor del  planeta Tierra.

El término neoliberalismo se acuña en París en el año 1938 impulsado por Ludwig von Mises, economista austriaco y Friedrich Hayek, filósofo, jurista y economista de la escuela austriaca y alumno del primero. Ambos definieron el término ideológicamente en contra de la democracia social representada por el New Deal de Franklin Roosevelt y el desarrollo gradual del Estado de bienestar británico, ya que lo consideraban una expresión colectivista a la altura del comunismo.

La primera gran crisis del capitalismo se manifestó a partir del crack de la bolsa de Nueva York, acaecido el día 24 de octubre de 1929 y conocido como “The black Thursday”. La crisis llegaría a Europa unos años después a raíz del repliegue del capital americano, lo que generó un alto paro y el germen de lo que sería posteriormente el avance del Nazismo.

El 4 de marzo del año 1933, Franklin Delano Roosevelt accedió a la presidencia de los Estados Unidos en representación del partido Demócrata con la intención de poner solución a las políticas liberales que se habían estado aplicando hasta entonces. Desde el año 1933 hasta el año 1937 se aplicó en EEUU el New Deal, una serie de medidas improvisadas basadas en una economía mixta de liberalismo económico e intervención del Estado. Roosevelt movilizó dinero público para generar actividad económica y poder adquisitivo para la clase trabajadora, asumiendo parte de los postulados del economista inglés John Maynard Keynes.

El New Deal finalizó en el año 1938 cuando las causas de la Segunda Guerra Mundial comenzaban a vislumbrarse. La conclusión es que las medidas adoptadas mejoraron la calidad de vida de los americanos, aunque no consiguió la totalidad de los objetivos perseguidos. Por una parte sentó las bases de lo que será el Estado de Bienestar, pero por otra, supuso la tabla de salvación para el capitalismo mediante la regulación estatal.

A pesar de todo, Hayek se oponía a la planificación estatal porque, según él, aplastaba el individualismo, lo cual conducía al totalitarismo. A partir del año 1947 Hayek comienza a crear una red internacional de académicos, empresarios, periodistas y activistas en favor del movimiento, que se presentó ante las clases pudientes como una oportunidad de liberarse de las regulaciones del Estado.

Los ricos financiaron proyectos cuya labor consistía en perfeccionar y promover la doctrina liberal. Sus garras llegaron también al mundo académico financiando departamentos y puestos académicos. Por aquel entonces, tras la Segunda Guerra Mundial, las políticas económicas que se aplicaban eran las recetas expansivas de John Maynard Keynes. Mientras tanto, en la sombra, la teoría neoliberal articulaba su estrategia a la espera de una oportunidad.

Dicha oportunidad sobreviene en la década de los 70’ durante la crisis económica que se extendía no sólo por Europa, sino también por América. Es entonces cuando los gobiernos de Jimmy Carter y Jim Callaghan aplicarían elementos del neoliberalismo, sobre todo en política monetaria en EEUU y Gran Bretaña respectivamente.  La llegada al poder de Margaret Thatcher en Reino Unido en el año 1979 y Ronald Reagan en USA en el año 1981, supuso otra vuelta de tuerca y la consagración del credo neoliberal: Se redujeron impuestos a los ricos, hubo privatizaciones masivas, desregulación y subcontratación de servicios públicos. Los organismos internacionales al servicio de las élites harían el resto. Así, en la actualidad, la globalización neoliberal, como proceso económico, social, cultural e ideológico (Jares, X, 2005), en tanto que proyecto construido, está respaldado por tres organismos internacionales: el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) , que siguen siendo a día de hoy elementos clave en la aplicación de las normas neoliberales.

Hagamos en este punto varias preguntas, ¿Cuál es el papel que juegan en este entramado los Estados? ¿Velan los Estados por el interés general, o en cierto modo las instituciones están secuestradas por las élites?

2. El papel del Estado

Sin duda, nuestra tradición democrática hunde sus raíces en las democracias liberales originadas de los ideales ilustrados, las transformaciones sociales provocadas por la Revolución Industrial y la Revolución Francesa y el contrapeso que ejercieron los movimientos obreros del siglo XIX como respuesta al exceso de acumulación de poder por parte de la burguesía.

La democracia representativa, el sufragio universal y la separación de poderes son logros acumulados por este tipo de democracias. En lo social, las democracias liberales hablaban de conciliación y tolerancia, pero en el plano económico se articuló un discurso en torno a la riqueza y a la propiedad, que se oponía a la dirección del Estado. Como si lo económico se pudiera disociar del resto de ámbitos que afectan al desarrollo humano, desde un principio, la ortodoxia liberal se convirtió en la semilla perfecta para una globalización neoliberal.

Decía Adam Smith [5], siglo XVIII, en alusión a esas raíces liberales antecesoras del neoliberalismo actual:

En el “mercado perfecto”, dada la competencia sin perturbaciones ni obstáculos, el hecho de que cada sujeto actúe egoístamente en busca de su máximo provecho conduce paradójicamente a un resultado final de precios y mercancías que es el más ventajoso para todos. Esto sucedía como si una “mano invisible” convirtiera la acumulación de egoísmos individuales en el máximo altruismo colectivo. Así cualquier intervención en el mercado de cualquier autoridad o poder en el juego libre del mercado anulará la virtud de la mano invisible.

Por esta razón, el neoliberalismo económico insiste en que ni los gobiernos ni nadie debe entrometerse en esa libertad absoluta. Reflexiona el escritor José Luis Sampedro en El Mercado y la globalización (2002, p.39) al respecto:

Desgraciadamente el mercado es muy imperfecto y eso nunca se cumple. La benéfica mano invisible aparece remplazada por otra mano perfectamente visible que logra dominar con poder absoluto el monopolio. Esta grave imperfección del mercado justifica la intervención correctora en defensa del interés general, por motivos económicos, éticos y sociales.

En la actualidad vivimos una profunda crisis del sistema alentada por la ortodoxa aplicación de unas reglas económicas y sinergias que dilatan los graves problemas estructurales a nivel mundial. Los datos lo corroboran en distintos informes y así, podemos comprobar, como a pesar de la reducción de la pobreza a nivel global, en términos puramente cuantitativos y por tanto reduccionistas, la vulnerabilidad, concepto que tiene en cuenta elementos cualitativos del desarrollo humano, muestra una realidad distinta. Así se indica en el Informe sobre Desarrollo Humano elaborado por el PNUD en el año 2014, dedicado a la vulnerabilidad, o el informe Oxfam 2016 con datos, si caben, aún más actualizados.

2.1. Informe Oxfam 2016

El informe de Oxfam 2016 Una economía al servicio del 1% arroja datos devastadores que explican perfectamente por qué vivimos en un mundo en crisis. A continuación, dejo al lector una muestras extraídas del informe con un objetivo puramente pedagógico.

Según Oxfam, Credit Suisse, ha revelado recientemente que el 1% de la población mundial acumula más riqueza que el 99% restante. Al mismo tiempo, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la humanidad se ha reducido en un billón de dólares a lo largo de los últimos cinco años.

  • La riqueza en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 45% en apenas cinco años desde 2010, mientras tanto, la riqueza en manos de la mitad más pobre de la población se redujo en más de un billón de dólares en el mismo periodo, lo que supone un descenso del 38%.
  • Desde el inicio del siglo, la mitad más pobre de la población mundial sólo ha recibido el 1% del incremento total de la riqueza mundial, mientras que el 50% de esa nueva riqueza ha ido a parar al 1% más rico.
  • Según una estimación reciente, la riqueza que se encuentra oculta en paraísos fiscales asciende a los 7,6 billones de dólares, una suma mayor que el PIB del Reino Unido y Alemania juntos. Es incuestionable que los grandes beneficiados de la economía mundial son quienes más tienen. Los ricos absorben la riqueza a un ritmo alarmante, y una vez en sus manos, un complejo entramado de paraísos fiscales y una industria gestora de grandes patrimonios garantizan que esa riqueza no sea redistribuida.
  • Existen datos que corroboran que la desigualdad económica también agrava la desigualdad entre hombres y mujeres. Pueden consultarlo en el informe.
  • La mitad más pobre de la población mundial tan sólo genera alrededor del 10% de las emisiones totales de gases efectos invernadero, en cambio son las personas más pobres quienes viven en zonas más vulnerables al cambio climático.
  • Se estima que la huella de carbono media del 1% más privilegiado de la población mundial podría multiplicar hasta por 175 la del 10% más pobre.

Los datos mostrados en el informe no surgen a partir de una evolución natural de la vida humana. Contrariamente a lo que grupos de poder quieren hacernos percibir interesadamente, en el sistema están presentes una serie de prácticas tendenciosas, violentas, corruptas y por tanto evitables.

  • Existe una tendencia de aumento del rendimiento del capital frente al trabajo. La participación de los trabajadores en las rentas nacionales se ha ido reduciendo y, por tanto, se benefician cada vez menos del crecimiento económico. Por el contrario, los dueños del capital han visto como, a través del pago de intereses, dividendos o reservas, éste ha ido creciendo a un ritmo más rápido que el de la economía.
  • La evasión y la elusión fiscal de las oligarquías, y los incentivos fiscales que se les aplica han contribuido a incrementar aún más sus beneficios. De 200 empresas que ha analizado Oxfam, entre ellas las más grandes del mundo, 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales.
  • En el ámbito laboral, los salarios de la mayoría de los trabajadores se han estancado, mientras el de los altos ejecutivos se ha disparado.
  • Empresas y particulares pertenecientes a distintos sectores de la economía, usan su posición y poder para concentrar mayor riqueza a través de la desregulación y el secreto bancario, auspiciados por las presiones de los lobbies.
  • El fundamentalismo de mercado ha instaurado la idea de que para estimular el crecimiento económico es necesario que las empresas y las personas más ricas estén sujetas a unos tipos impositivos bajos, cuando deberían ser quien más contribuyesen a las arcas públicas. En cambio, la existencia de los paraísos fiscales y la arquitectura de elusión fiscal, ha empujado a los gobiernos a competir por reducir los tipos impositivos a estos actores, castigando así las arcas públicas.
  • Aquello que los gobiernos no recaudan se traduce en recortes sociales y aumento de impuestos indirectos como el IVA, que afecta desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.
  • Las empresas de las industrias extractivas de gas, petróleo y minería, utilizan mecanismos adscritos al uso de los lobbies, lo cual les asegura unos beneficios muy superiores al valor real que aportan a la economía. Dichas presiones sirven para proteger su posición y frenar el avance de alternativas energéticas más limpias.
  • Uno de cada cinco milmillonarios pertenece al sector bancario, sector que más rápido ha crecido en las últimas décadas. En este sector, la diferencia entre las retribuciones y el valor real que aporta a la economía es mayor que en ningún otro. Además, el sector bancario está en el corazón del funcionamiento de los paraísos fiscales, de hecho, la mayor parte de la riqueza offshore está gestionada por tan sólo 50 grandes bancos. Mientras tanto, los Estados rescatan bancos con el dinero de los ciudadanos y al mismo tiempo los ciudadanos sufrimos las consecuencias del austericidio.

Los datos anteriores explican cómo el sistema se rinde a los intereses del 1%. Se trata de un sistema que no beneficia a la mayoría de la población y además destruye el planeta. A este respecto recomiendo la lectura del libro de Hervé Kemp Cómo los ricos destruyen el planeta. Mientras tanto, animo al lector a que profundice en el informe Oxfam y descubra por sí mismo el chiringuito montando por las oligarquías a nivel mundial. Descubrirán un entramado de puertas giratorias, intereses económicos, cantidades ingentes de dinero destinadas a  las actividades de lobby, redes clientelares, pero sobre todo, falta de empatía y mucha avaricia, una gran irresponsabilidad por una parte y de ignorancia por otra, una visión sesgada de la realidad, un atentado permanente contra los derechos humanos y una visión cortoplacista e individualista de la economía amparada bajo el paraguas de la competitividad, en ausencia de la concepción del bien común. Todo en su conjunto conforma un cuadro de terrorismo que se ejerce sobre la ciudadanía. Ciudadanía que a veces alienada por el pensamiento único, no sabe ver los peligros que les rodean. Definitivamente una minoría interesada ha instaurado con éxito en la sociedad una visión evolucionista del sistema, pero la globalización neoliberal no es una forma de ley biológica, no es parte de una evolución natural, es realmente un proceso socialmente construido por una minoría. Hagamos pedagogía y alteremos conciencias.

En este punto, enlazando directamente con esa necesidad de pedagogía, la pregunta es ¿Por qué un sistema que genera desigualdad entre una minoría elitista y una mayoría social tiene tanto éxito? ¿Somos los ciudadanos víctimas o cómplices? ¿O somos al mismo tiempo víctimas y cómplices de nuestro verdugo?

2.2. Paz vs Capitalismo

Vamos a dar algunas claves desde la Investigación para la Paz. La Investigación para la Paz surge como disciplina a finales de los años 50 fruto de la contienda de la Segunda Guerra Mundial. El movimiento surge en Estados Unidos en el año 1957, pero es en Europa donde la Investigación para la Paz va a conocer sus propuestas, estudios y autores más influyentes, especialmente en Suecia y Noruega de la mano de Johan Galtung.

La investigación para la paz surge con un espíritu crítico, concebida como una disciplina no neutral, abierta, dinámica e interdisciplinar y con intenciones de intervención y transformación social. La disciplina ha confrontado históricamente con el sistema, exponiendo su idea de globalización de la dignidad humana y trabajando por una cultura de paz en torno a objetivos distintos a los de las oligarquías. El uso como medio de la violencia en todas sus facetas y formas: violencia directa, violencia estructural y violencia cultural, por parte de las minorías influyentes, ha desestructurado la sociedad durante los años de crisis.

El uso de la violencia directa se materializa en las guerras generadas por motivos geoestratégicos. Por ejemplo, las guerras del Golfo pérsico, amparadas bajo el discurso falaz de las armas de destrucción masiva, son un claro ejemplo de violencia directa que necesitan justificarse ante la ciudadanía, y para ello se utiliza la mentira y el miedo. La violencia estructural es claramente observable a través de leyes que coartan los derechos humanos y excluyen a los ciudadanos del sistema, impidiéndoles un acceso justo a la vivienda o un trabajo digno. Por último, la violencia cultural, de la que somos víctimas y responsables los ciudadanos afectados, es aquella con la que sostenemos las situaciones anteriores. Se manifiesta, por ejemplo, en los micro-machismos, en la criminalización de la denuncia pública, en la criminalización de aquellos quienes practican la desobediencia civil intentando impedir un desahucio o la criminalización de los refugiados.

A. La necesidad de entender la violencia para entender el sistema

La violencia puede adquirir diversas formas que en ocasiones son sutiles e indetectables. Normalmente entendemos la violencia de una forma reducida asociada a un daño físico directo, pero la violencia abarca un campo muy extenso que se mueve de forma sutil por las estructuras sociales, alcanzando lo más profundo de la cultura y del imaginario colectivo.

El sistema la ha instrumentalizado hábilmente como elemento social alienador, por eso, la toma de conciencia ciudadana o proceso de concientización, definido por Paulo Freire, es la contraparte e inicio de un proceso de transformación social y empoderamiento ciudadano, hoy más necesario que nunca.

A medida que el término de violencia evoluciona, ésta se entiende como todo aquello que, siendo evitable, impide, obstaculiza el desarrollo humano, comprendiendo por tanto, no sólo la violencia directa, sino también la violencia estructural y finalmente la violencia cultural y/o simbólica.

El armamentismo, terrorismo, la pobreza, la xenofobia, la homofobia, las desigualdades de género, los sistemas de salud deficitarios, el control de la información, el conflicto Norte-Sur, las dictaduras, las falsas democracias, la agresión al medio ambiente, la acumulación del capital, el acceso limitado a los servicios sanitarios, la desregulación del mercado, son realidades ejemplificantes de todos los niveles.

1. Violencia directa

La violencia directa (verbal, psicológica y física) es aquella situación de violencia en donde una acción causa daño directo sobre el sujeto destinatario, sin que haya apenas mediaciones que se interpongan entre el inicio y el destino de las mismas (Jiménez Bautista, 2012, p.31). Entre los distintos casos que pueden considerarse violencia directa tenemos la guerra tradicional, genocidios, asesinatos, robos, maltrato, violaciones, etc.

2. Violencia estructural

Es aquella clase de violencia que se relaciona con la injusticia social. Es una violencia sutil que necesita ser reconocida a partir de un ejercicio reflexivo. Se considera un tipo de violencia indirecta insertada en las estructuras sociales y necesita de la mediación de las instituciones. Esta comprensión de la violencia ha ido en paralelo a la ampliación del concepto de paz. En un principio el concepto de paz se entendía como una negación de la violencia directa y no tenía en cuenta las consecuencias derivadas de las injusticias sociales. Las injusticias sociales generan problemas estructurales, económicos, problemas de violencia directa y también problemas emocionales. Se considera violencia estructural la pobreza, la represión política, la vulneración de los derechos humanos, la desigualdad estructural, la corrupción, el funcionamiento de los paraísos fiscales, las dificultades para el acceso a la educación y los sistemas sanitarios y la agresión al medioambiente entre otros. La dificultad de este tipo de violencia reside en la incapacidad para identificar al agresor, ya que no es un sujeto, sino un entramado estructural. Este entramado estructural ha sido tejido por el sistema para facilitar tomas de decisiones injustas y ante las cuales es difícil pedir responsabilidades.

3. Violencia cultural y/o simbólica

El concepto de violencia cultural es introducido por Johan Galtung [6] en el año 1990. La violencia cultural es aquella en la que los individuos, objetos de la misma, son incapaces de reconocer que están siendo afectados. No tienen conciencia de la situación y, por tanto, además de no oponer resistencia, colaboran para que la situación violenta persista. Cuando la cultura o el imaginario colectivo justifican o apoyan realidades y prácticas violentas, hablamos de violencia cultural. Para superar la legitimación de dichas prácticas y realidades, es necesario analizar y diagnosticar los mecanismos individuales y colectivos que producen estereotipos, fanatismo, prejuicios y discriminaciones. Para neutralizar la violencia es necesario un complejo proceso de toma de conciencia, que posteriormente nos permita diseñar nuevas alternativas, pensamientos, actitudes y formas de vida más justas.

Todas las violencias se encuentran interrelacionadas entre sí. No son violencias ajenas, sino que unas y otras se retroalimentan e interactúan. Es cierto, como afirma J.M. Tortosa [7] que las violencias estructurales no siempre llevan a casos de violencia directa, en cambio, las violencias estructurales necesitan precisamente de la violencia cultural porque esta es funcional, para recurrir lo menos posible a la violencia directa. La violencia cultural actúa a partir de las ideas, los valores, la cultura y la tradición. El plano en el que se mueve este tipo de violencia es una especie de superestructura que ayuda a legitimar tanto la violencia estructural, insertada en las estructuras sociales, como la violencia directa.

La violencia, definida como un triángulo, es una realidad multidimensional que interactúa, es flexible, a veces explícita y otras escurridiza, vive en nosotros, en nuestro entorno y en las instituciones. La violencia está siendo usada por los grupos de poder de forma tendenciosa, en pro de intereses particulares, sin importar apenas sus consecuencias devastadoras, sin empatía y con la avaricia de aquel que antepone el valor del dinero al desarrollo humano.

La posición ante este escenario, donde prevalece la acumulación del capital sobre la soberanía de los pueblos, es la de luchar por una globalización de los derechos humanos, lo cual incluye elementos de justicia social, desarrollo sostenible, valoración del capital emocional, dignidad, democracia real, reconocimiento y parálisis de la agresión al medioambiente, en definitiva, paz en su sentido más amplio.

¿Qué poderoso vehículo ha provocado tan alto grado de alienación entre la comunidad como para ser engranaje clave en el uso de las violencias? ¿Qué ha permitido que el credo neoliberal se haya expandido tan rápidamente y haya arraigado con tanta fuerza?

2.3. Mass Media

Quizás, la principal herramienta que han usado los poderes a la hora de extender el pensamiento único han sido los medios de comunicación de masas. El uso de los medios de masas junto al fenómeno de la multipantalla [8], tiene el poder de distorsionar la selección y el procesamiento de estímulos que los humanos recibimos a un ritmo inasumible para nuestra mente. Si además estos medios se usan de forma tendenciosa, el efecto alienador se multiplica exponencialmente.

Hoy en día, los grandes medios están controlados por grupos de poder con intereses muy particulares en torno a la perpetuación del sistema. En una democracia, los medios han de cumplir la función social de informar, en cambio lo que existe es una pérdida de ética que conlleva unas prácticas altamente negligentes. Aunque la sobrecarga de información, suponga de forma intrínseca, una dificultad para nuestro cerebro a la hora de procesar la información, existen formas de gestionar dichos estímulos que parten desde la educación de la autonomía cuando somos niños, hasta el espíritu crítico cuando vamos creciendo. Cuando hablamos en estos términos no lo hacemos de forma etérea, sino que podemos apoyarnos en disciplinas como la filosofía o la neurociencia, que en las últimas dos décadas viene revelando cómo trabajan las funciones superiores del pensamiento. No estamos aquí para oponernos a los medios de comunicación, eso sería absurdo, solamente exigimos que se produzca un proceso de transformación y que sirvan al bien común, como ya lo hacen algunos medios que se mantienen al margen de las imposiciones oligárquicas. Por ejemplo, ahora mismo en España se está llevando a cabo un interesante proyecto llamado Saltamos, donde varios medios se están uniendo para crear información independiente, financiándose exclusivamente a través de las aportaciones ciudadanas.

Fue el año 1970 cuando apareció por primera vez el término Information Overload (Sobrecarga informativa) acuñado por Alvin Toffler[9] para hacer referencia a la gran cantidad de estímulos que comenzaban a competir por alcanzar nuestra limitada atención. Desde entonces, los “mass media” definen a la sociedad de la información, que paradójicamente se ha convertido en un lastre para el conocimiento. Como dice Antonio Bernal Guerrero (2011, p.1):

El mundo actual nos facilita el acceso inmediato a gran cantidad y diversidad de información, aportando aparentemente respuestas a un sinfín de cuestiones tan rápidamente que no tenemos tiempo para la búsqueda del significado y el sentido de las mismas.

El auge de las pantallas y la velocidad de mensajes manipuladores que se lanzan, tienen por objeto ir variando las representaciones mentales de los individuos al mismo tiempo que estrecha sus mentes. En efecto, la mente se puede estrechar físicamente si el cerebro no se desarrolla en un entorno afectivo, y esto, aunque se trate de un proceso interno y personal, se da en colectividad, por lo que termina afectando a la comunidad en sí.

La multipantalla y el avance tecnológico están provocando profundas transformaciones sociales, sobre todo en las relaciones humanas. El avance tecnológico, gobernado por grandes multinacionales, muy al contrario de servir a la inteligencia humana, se ha adaptado al sistema y al consumo. Este hándicap también es utilizado por las instituciones, que, en vez de servir a los intereses de los ciudadanos, utilizan dichos avances para expandir información interesada.

Así, podemos encontrar los riesgos asociados a lo que se denomina sociedad de la información en el mismo nivel que el cambio climático, la pobreza, la especulación de los mercados financieros, los problemas derivados de la salud pública, el incremento de la desigualdad o la desestructuración social. Hoy día el sistema se vuelca para convertirnos en consumidores sin capacidad crítica. En una época de la pantalla global donde los individuos deambulan entre la información insustancial, el espectáculo, la mentira, el control obsceno y la demagogia, se hace necesario un permanente escrutinio de la realidad. Para ello necesitamos elaborar un potente pensamiento crítico. Lo que se esconde detrás de este pensamiento crítico, al que podríamos denominar de alta calidad, es un enriquecedor proceso educativo. La educación es la clave de la liberación.

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