Política y Sociedad

Published on julio 2nd, 2015 | by EcoPolítica

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Primer discurso de Manuela Carmena

El siguiente texto es una versión transcrita del primer discurso de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid.  Desde EcoPolítica nos gustaría compartirlo y ponerlo a disposición de quien lo necesite. Ya sea como forma de archivarlo para la posteridad, ya sea como ayuda a todos aquellos que quieran traducirlo [1] a otros idiomas o subtitular los vídeos, creemos que contar con una versión escrita puede ser útil. En la siguiente transcripción, se han dejado entre corchetes y en letra cursiva aquellas expresiones propias del discurso oral que sin embargo son innecesarias o pueden dificultar la lectura de un texto escrito. 

I. Introducción: Ahora Madrid y la cultura de los cuidados

Por Javier Zamora García [2]

El primer discurso que Manuela Carmena realizó en el Ayuntamiento de Madrid no es, probablemente, un discurso que vaya a pasar a la posteridad por su excelente oratoria, sus giros retóricos o sus juegos de palabras efectistas.   Más bien, si lo midiéramos con los criterios a los que estamos acostumbrados, podríamos decir que es un discurso sobrio, pesado en ocasiones, y desde luego descargado de la intensidad mesiánica y trascendental a la que nos tienen acostumbradas otras fuerzas políticas.

Efectivamente, el discurso de Manuela Carmena es un discurso fuertemente desespectacularizado.  A pesar de ello, hay algo en sus palabras que emociona. Algo que, sin embargo, no lo hace de la misma forma de siempre. Contra el monopolio de las pasiones a las que nos tiene acostumbrado la peligrosa mezcla entre hegemonía y espectáculo mediático, Ahora Madrid ha despertado una nueva manera de entender la emotividad. Esta emotividad, más serena y compatible con la sosegada reflexión, nace más de la experiencia compartida (ilusión o indignación), del goce de lo común, y del placer de estar haciendo algo que de alguna extraña manera parece que es lo correcto.

La política sin ciudadanos, que se gestiona desde reuniones oscuras que deciden sobre los ausentes y comités de expertos que ofrecen recetas sin alternativas,  lleva desde años en grandes dificultades para movilizar incluso el voto. Es por eso que la política sin ciudadanos recurre al entretenimiento, al estímulo fácil, a la parodia que no aburre.  La opacidad de la gestión pública y la tecnificación del lenguaje que sin embargo nos afecta más que nunca han obligado a que los espacios de entretenimiento televisivo (las tertulias del corazón) expulsen sus temas habituales y los sustituyan por la política.  De este modo, el morbo, la riña  y el alboroto  cumplen una doble función: por un lado, avivar el espíritu público y mantener una conexión con los partidos; por otro lado, anular toda aquella política que no sea excitante, fresca, apasionante, y acartonadamente espectacular. Como un zombie mantenido con electrodos, el ciudadano desprecia todo aquello que huela a aburrido.

Frente a esta concepción de la política, las palabras emitidas por Manuela Carmena apelan a una escucha diferente. En primer lugar, debe ser una escucha más paciente, puesto que la palabra no está cargada de seducción. Si algo ha de seducir, es cómo esta palabra se pone en práctica. En segundo lugar, debe ser una escucha más activa, porque exige a los ciudadanos que formen parte del gobierno.  Si esa demanda es posible, es porque la comunicación no se construye desde un escenario, sino como un diálogo entre iguales (“Porque yo soy más del tú, me vais a perdonar, no quiero ofender a nadie. Todos sois ilustrísimos”).   Finalmente, esa demanda de participación también se hace posible porque la comunicación que inaugura este tipo de discursos es una comunicación que no es retórica, sino real. Como tal,  sus palabras traen a otros (“se me acercó una señora que había cumplido los 60 años, y hoy quiero poner su voz aquí.”), pero sobre todo, aceptan la presencia del interlocutor y desean poder entenderse con él. El otro pasa de ser un adversario a alguien que comparte un espacio político, y por tanto, alguien a quien no se puede excluir, expulsar o aplastar con rodillos parlamentarios ni aun en situaciones de disenso (“Sé que hay una divergencia. Me gustará, y os lo dije el mismo día en que concluyó el recuento electoral”). Frente al estilo patriarcal de la política tradicional,  frente al talante soberano que desea imponerse sobre el otro, conquistarlo con la maquinaria electoral, y finalmente forzarle con la autoridad del Estado a cumplir con su política, las palabras de Manuela Carmena lanzan  un reto que parece difícil de cumplir: construir lo común entre todos, y por tanto, obligarnos a entendernos mutuamente, más allá de estructuras partidistas e incluso, a escozor de algunos, más allá de ideologías.

Finalmente, la condición sobre la que se asienta esta nueva forma de comunicar también está contenida en este discurso: que la nueva manera de hacer gobierno, en palabras de Manuela Carmena, se asiente en la “política de los cuidados”, en la “cultura de las mujeres” [3]. Cuidar no genera políticas de derrotas ni de revanchas porque implica escuchar las necesidades del otro,  atender sus razonamientos, forzarse a ponerse en su lugar, es decir, ejercitar la empatía. Pero una política del cuidado tiene sus límites, y no puede convertirse en una deliberación infructuosa, en un pacifismo conservador que no cambie las cosas para complacer a todos los interlocutores.  La política de los cuidados tiene su raíz última en la sostenibilidad de la vida. Y por tanto los límites del acuerdo están claramente delimitados: habrá diálogo, pero siempre que contribuya a sostener el florecimiento de la ciudad de Madrid.  Un florecimiento que no siempre podrá basarse en el crecimiento de las cuentas de balance, de las grandes corporaciones o de las carteras de las constructoras. Por el contrario, y al menos a la luz de los hechos, es posible que haya que limitar ese crecimiento sostenido del capital de unos pocos, siempre que éste se oponga a la prosperidad de sus comunidades, y sobre todo, al florecimiento de la vida de sus ciudadanos.

II. Transcripción del discurso

Muchísimas gracias, estimados ya concejales,

Vamos a trabajar juntos durante cuatro años y quiero ya dirigirme a vosotros con esta expresión de estimados, porque quiero que la tarea que nos va a unir nos una también como personas, que seamos capaces de dar lo mejor de nosotros para todos los madrileños.

[Quiero que sea así, y] Lo primero que os quería decir era que no voy a hacer en este acto un discurso al uso de lo que vienen a entenderse los discursos de investidura, que por definición son fundamentalmente programáticos. A continuación os explicaré por qué. Pero lo que sí quiero empezar, antes naturalmente de continuar con este uso de la palabra, es dando extraordinariamente las gracias a Madrid, a los ciudadanos de Madrid. Sinceramente creo que se lo merecen y muchísimo. No podemos olvidar, lo habéis dicho los participantes y me ha llenado de ilusión y de esperanza, que nosotros somos servidores de los ciudadanos de Madrid. Estamos aquí porque ellos han decidido que les representemos, no lo podemos olvidar. Estamos a su servicio. De ahí que me gustaría insistir y recordar que queremos gobernar escuchando: que nos llamen por nuestro nombre de pila, que nos tuteen, que sepan que somos para ellos, que estamos para ellos… Para mejorar Madrid, por supuesto, pero siempre en la línea que ellos nos digan, porque insisto, somos sus servidores.

Quisiera también añadir que sin introducir ninguna estructura de distanciamiento partidiario, porque no quiero que lo haya en esta cámara, sí quisiera dar las gracias enormemente a muchísimos ciudadanos de Madrid que han apostado con una ilusión tremenda por ese cambio al que antes se refería Rita Maestre y que todos sabemos. Lo hemos visto todos. Yo os tengo que confesar, con una grandísima sorpresa, que hemos visto como de la noche a la mañana se han sumado a este impulso emotivo y generoso de la campaña de Ahora Madrid artistas gráficos, bloggeros, taxistas, repartidores… Nadie hizo nada para que eso pasara. Pasó.  ¿Qué indicaba? Un gran deseo, un gran deseo de participación, de cambio. Os tengo que decir que estos días me encuentro con personas, y me emociona sobre todo cuando me encuentro con jóvenes, que me dicen: “Yo hasta ahora no quería votar, es la primera vez que he votado”.  O con personas también ya de edad que dicen: “Estábamos tan decepcionadas de que  nunca la política pudiera ser diferente que ya no votábamos. Ahora tenemos la esperanza de que la política sea diferente”. Por eso, porque queremos hacer esa política diferente, insisto tanto en que somos servidores públicos: sencillos, honestos y a disposición de los ciudadanos.

[Y]  también quiero dar las gracias, y muy especialmente, a todos los otros madrileños que son los que no nos han votado. Me gusta mucho aquí en este grupo, en este consistorio, saber que naturalmente [claro que sí] hay algunos que no nos habéis votado. Bien, yo agradezco mucho el apoyo del Partido Socialista porque nos hemos encontrado muy cómodos en esa identidad. Me hubiera gustado también que hubiera apoyo de otros grupos. Sé que el partido de Ciudadanos estaba muy cerca de nosotros en el programa y en actitudes. Y sé también que en el Partido Popular hay un afán de que haya una cercanía de la política a sus representantes, a nuestros representantes, y me consta. Y además diría yo que es que éste es el único camino por el que nuestra querida democracia – que tanto nos costó traer a mi país, especialmente a mi generación, y de lo que me siento extraordinariamente orgullosa – mejore y sea lo que todos queremos: una verdadera democracia, profunda, que satisfaga a todos los ciudadanos. Por eso me alegra. Sé que hay una divergencia. Me gustará, y os lo dije el mismo día en que concluyó el recuento electoral. Personalmente y mi grupo tenemos el reto de intentar de verdad seducir a todas aquellas personas que no nos han votado. Porque queremos convenceros. Queremos convencer a todos los ciudadanos  de Madrid que tienen miedo, y que en alguna ocasión estos días me lo han dicho. Porque no sabéis lo gratificante que me resulta tener esa posibilidad de estar todos los días encontrándome con personas, en esa utilización maravillosa de los servicios públicos. Y ha habido personas que me han dicho: “no te hemos votado, pero ¿nos puedes decir qué vas a hacer? ¿Por qué hay miedo?” Y les he tranquilizado, y efectivamente les he dicho este reto que aquí repito. Creo que vamos a intentar seducir, vamos a intentar convencer, de que las propuestas que queremos, que fundamentalmente se basan en conseguir que haya una mayor equidad e igualdad en este Madrid, que haya un incremento de la honestidad pública, una eficacia en el gasto, una estructura de participación verdaderamente real, una innovación, una captación de la inversión nueva o renovada… Todos estos presupuestos creemos que se van a poder hacer mejor. Vamos a alcanzar todos esos objetivos si lo hacemos como es debido.

Por último, y antes de empezar a explicarlos esa especie de pequeña incógnita de por qué no voy a hacer un discurso programático, no quería dejar de hacer una mención a todas estas personas que en este momento en Madrid sufren. Sufren porque tienen inseguridad, porque no tienen empleo, porque  no tienen vivienda o están temiendo que algún día la pierden porque no pueden pagar o los recibos de alquiler o las cuotas hipotecarias. A aquellas esas personas que están viviendo con angustia yo quisiera decirles que queremos dedicarnos especialmente a mejorar su situación. Lo tenemos que hacer, y lo vamos a hacer. Tened la seguridad.  Vamos a mejorar esa situación

Quiero añadir algo más. Y deciros que precisamente ayer, que iba en el metro desde Lavapiés a Sol (digo Sol porque no quiero decir ese apellido que a nadie nos gusta, queremos que Sol se siga llamando Sol), pues se me acercó una señora que había cumplido los 60 años, y hoy quiero poner su voz aquí. Se llama Julia, llevaba un vestido rosa, se me acercó y me contó su vida. Me dijo que tiene 63 años, hace ya mucho tiempo que no sabe lo que es trabajar, cobra una renta mínima de 300 euros, paga una habitación que le cuesta 200 euros (una habitación prácticamente sin ventanas, sin derecho a cocina…). Esas cosas pasan, estimados concejales. Y tenemos, sobre todo que tener presente sus caras,  sus miradas; que estamos para ellos, que les necesitamos, porque ellos son los que quieren que solucionemos estas cosas. Yo tengo la mirada de Julia aquí pero también tengo la mirada de otras personas que me han hablado de otros temas, de temas muy importantes como de la cultura, de la necesidad de las inversiones, de la necesidad de que Madrid sea más puro, más sano, más limpio, menos  corrupto, más igual. O también simplemente de que no haya ruido, porque están desesperados con un ruido que les atonta y les hace difícil su vida. Todas esas personas yo creo que es necesario que las tengamos aquí en nuestra manera de trabajar.

Y ahora viene por qué no quiero hacer un discurso programático. Pues mirad.  Porque a mí me parece que tenemos que empezar a cambiar los métodos de trabajo. Yo creo que estos ágoras, estos consistorios, tienen discursos y muy pocas palabras, muy pocas conversaciones. Aquí nos sobran los discursos. Yo no quiero ver maquinitas jugando ni teléfonos mirando mientras unos y otros hablan. ¿Por qué? Porque lo que tenemos que hacer realmente es gestionar, y para gestionar a mí me parece imprescindible que establezcamos algunos presupuestos. Unos primeros muy claros que son los objetivos: ¿Qué objetivos políticos nos proponemos? A mí me ha sorprendido mucho, y con esto sí quiero [decir, y] dar las gracias muy especialmente a la alcaldesa saliente, a la señora Ana Botella, que nos atendió a mí personalmente y a personas de mi candidatura dándonos información  para preparar el programa. Su actitud me pareció estimable, y le doy las gracias, y además le dije entonces y le digo ahora: sé que ha habido cosas que ella  ha hecho en el Ayuntamiento que están muy bien, y que nosotros vamos a disfrutar, así que especialmente gracias.  Pero sí os quiero decir que he podido observar en el Ayuntamiento una confusión en el sentido de que parece que no sabemos adónde vamos.

Le oí decir a Begoña en uno de los actos electorales que tuvimos; a Begoña, que es muy inteligente y muy sagaz, [le oí decir que ella entendía] por su profesión como abogada, había hecho muchas defensas de ciudadanos multados, y le oí decir que ella quería acabar con esa imagen de un Ayuntamiento hostil que no hace más que poner multas. A mí lo que me preocupa es que cuando el Ayuntamiento pone multas no hay nada que nos diga por qué se ponen. ¿Por qué se ponen las multas? Lo verdaderamente importante no es para conseguir recaudar dinero, sino para modificar conductas. Porque cuando en un Ayuntamiento se decide que es necesario poner una multa a la persona insolidaria que deja el coche encima de la acera y que impide que el otro salga, o que atrona con su bocina cuando debería haber silencio, no queremos en ese momento castigar. Lo que queremos es cambiar conductas. Por eso a mí me gustaría que nos acostumbráramos a traer aquí programas de gobierno  que tengan los siguientes presupuestos: primero, objetivos políticos; segundo, análisis de la situación. Es imprescindible que tengamos datos. Tenemos que acabar con esta estructura, ya os digo estimados concejales, de discurso.

A mí me gustaría que en esa pantalla en la que pone el orden del día (que no es especialmente necesario porque ya lo sabíamos)  pues que sin embargo sí haya en su momento cuando trabajemos datos, cifras… En este momento,  sabéis que una de las cosas que vamos a poner en marcha inmediatamente (nos vamos a reunir ahora en Junta de Gobierno) va a ser conseguir que los niños que se marchan de la escuela y que necesitan alimentos los tengan. A mí me hubiera gustado traeros aquí una relación bien  especificada de cuál son los ítem  por los que sabemos que en este momento tenemos que alimentar, y lo queremos hacer, con comida  y cena a todo un número de niños que van a ir de 0 a 13 años. Pero no tenemos los datos, los hemos pedido. Así no se puede trabajar.  Porque si queremos ser eficaces tenemos que saber primero lo que queremos. Objetivos, ¿en este caso cuáles? Naturalmente evitar la malnutrición de nuestros niños.  Dos, ¿cómo lo vamos a hacer? Sabiendo de dónde partimos, teniendo unos datos. Me consta por ejemplo que el Plan General de Urbanización de Madrid tiene una gran documentación. ¡Seguro! Nosotros lo que queremos es rescatarla, trabajar ésa, ponerla en abierto. A lo mejor que esté en ese jardín que pretendemos hacer, en unas grandes pantallas, en la que se pueda ver efectivamente qué es lo que se ha hecho, qué es lo que nos queda por hacer, y qué es lo que hay que continuar haciendo.  Yo por eso quisiera pensar en unos Plenos en que vengan expertos, que nos cuenten expertos; que tengamos aquí nuestros correspondientes pantallas (o cada una lo que prefiera utilizar) con los datos; que podamos hablar y discutir y fundamentalmente mejorar, gestionar. Como gestionan hoy día todas las organizaciones. No tiene sentido que la política gestione en un discurso último lleno de palabras, transversal, que no acaba, que no se produce en lo que se tiene que producir. Por eso, si me lo permitís estimados concejales, vamos a hacer unos plenos programáticos en los que sí vamos a ir tratando los grandes temas.

Grandes temas que son muy importantes y que no podemos olvidar. Que ya sabéis que uno de ellos que nos preocupa muchísimo es el programa de empleo, el programa de vivienda, de cultura, de limpieza, de seguridad vial. Naturalmente el programa anticorrupción. Y nuestro gran e importantísimo programa de participación.  Y cómo no, algo que yo creo que es la esperanza del día de mañana, y es que consigamos de verdad una igualdad de oportunidades haciendo que los niños de 0 a 3 años tengan ya la mejor educación. No buscamos guarderías donde se aparquen a los niños. Buscamos escuelas infantiles para todos, iguales, que garanticen que enseñamos a aprender.  Para mí creo que los últimos logros, yo creo, más interesantes respecto de por dónde va la educación del futuro es aprender a aprender, y aprender a vivir. Y eso lo queremos hacer aquí desde el Ayuntamiento.  Y por eso os vamos a ir (si no os parece mal, naturalmente, y si aceptáis esta propuesta) convocando a plenos monográficos en los que vamos a seguir ese objetivo: cuáles son los objetivos, de dónde partimos, dónde queremos llegar, plazos que nos ponemos, controles… Queremos trabajar así, pero trabajar, de verdad, con mucha intensidad.

¿Cómo lo vamos a hacer? Pues además de esto yo sí os quiero decir que lo vamos a hacer de la siguiente forma. Desde luego, con los funcionarios. Los funcionarios de esta casa y de la Administración General pues tienen naturalmente un gran altísimo grado de formación. Yo sé que hay en esta casa  muchísimo talento.  Me gustaría hacer como un pedernal, y que  de ese talento saliera iniciativa, saliera capacidad de innovar… En la Administración Pública también, porque no podemos seguir pensando que la Administración Pública es como una gran estructura que va a su ritmo de espaldas a lo que sucede en la empresa privada, a lo que sucede en el mundo en general. No. Tiene que ser dinámica, y nosotros quisiéramos aprovechar ese talento. Y con toda mi cordialidad desde aquí quiero llamar a los funcionarios a que sean  conscientes de que se abre un periodo extraordinario para que puedan de verdad disfrutar trabajando. Con mucha independencia, con mucha libertad, con mucha creatividad, para mejorar la situación de los ciudadanos.

Naturalmente, ¿con quién vamos a estar en este trabajo?  Claro,  cómo no, con los ciudadanos. Faltaría más, ya lo he dicho antes. Es tal, yo diría, el colectivo enorme inteligencia. Es tan conmovedor ver todo lo que significa la ciudadanía que por eso tenemos que conseguir que realmente gobiernen los ciudadanos a través de las estructuras de participación que estamos preparando, y que como muy bien han dicho las personas que han intervenido, están muy avanzadas.

Queremos también trabajar con todo tipo de empresas. Es fundamental. ¿Cómo no vamos a creer en las empresas? Las necesitamos. Las necesitamos y además queremos deciros algo muy importante. Creemos que las empresas florecen en los países en los que no hay corrupción, en los que no hay enchufismo, en los que hay una verdadera actitud de riesgo y de confrontación y de competencia. Y creemos en ello. Y lo vamos a hacer posible porque es muy importante.  Pero queremos trabajar también con toda una estructura, yo diría que con toda una estructura de raíces que no son empresas y que son colectivos: las asociaciones sin ánimo de lucro, las empresas sociales… Todo ese trabajo que está ahí y que es inmenso, todo, queremos que venga con nosotros porque lo necesitamos.

Y por último (ya quiero acabar para no cansaros), vamos a trabajar con algo de lo que yo me siento muy orgullosa.  Vamos a trabajar con la política de los cuidados. Y podéis decir algunos: ¿y qué es esto? Pues la política de los cuidados es lo que hoy día ya se conoce como la cultura de las mujeres.    Yo creo que ha llegado el momento en que las mujeres trabajemos con la cultura de mujeres. Hay paridad, pero sin duda este gobierno municipal va a tener un gran peso de mujeres y de la cultura de las mujeres.

A mí me parece muy interesante el que esa  cultura de los cuidados se centra en algo que hay que trabajar mucho porque es muy interesante, y que ya se conoce en el mundo de las empresas, que es precisamente el valor social. El valor social es el resultado que generan cuando recursos, procesos y políticas se combinan para mejorar la vida de los ciudadanos. El valor social de la empresa, el valor social de la política, el valor de cualquier tipo de unidad, de cualquier tipo de actividad… Y os pondré un ejemplo, porque ya me iréis conociendo, y espero que en este transcurso pues conozcáis mucho de mí, y también esas incógnitas a las que antes se refería la señora, o mejor dicho Esperanza Aguirre. Porque yo soy más del tú, me vais a perdonar, no quiero ofender a nadie. Todos sois ilustrísimos.  Pero todos debemos hablarnos, yo creo, llamarnos con una llaneza que es la que los ciudadanos nos piden, ¿no?  Y en ese sentido, os voy a poner un ejemplo, un ejemplo muy claro que brindo también a una amiga que es maestra en un instituto de aquí, de Madrid. Y ella me contaba que bien estaban en aquel instituto con una mínima cooperativa de limpieza compuesta fundamentalmente por madres, no todas, pero algunas madres de los niños de los colegios. Aquello funcionaba fenomenal. ¿Por qué? Porque estaba ese valor social. Para ellas era importante. Pero es que había una pedagogía además, porque es que estaban metidos sus chavales, o los chavales del barrio, o sus hijos, y aquello funcionaba muy bien.   Hasta que llegó uno de esos contratos inmensos, integrales, que hace referencia a unas empresas muy grandes, y donde vino  una especie de objetividad antipática y un resultado mucho peor del que podía preverse si solamente analizábamos cifras. El valor social, el valor de los cuidados, es una reivindicación femenina muy importante del futuro, y yo quisiera verla aquí para  que nos permita junto con  las demás otras cosas que os he dicho, avanzar por este cambio que yo creo que va a ser tan extraordinario,  y en el que quiero que haya sinergias aquí y allí de todos.

Muchísimas gracias a todos vosotros. Muchísimas gracias.

Notas

[1] Esta transcripción, de hecho, ya ha sido utilizada para traducir el discurso al turco.  Traducción realizada por Onur Acaroğlu y que puede encontrarse en http://www.sendika.org/2015/07/madridin-yeni-secilen-solcu-belediye-baskani-manuela-carmenanin-ilk-meclis-konusmasi/
[2] El autor es licenciado en Derecho y Ciencias Políticas. Actualmente cursa un Máster en Pensamiento Social y Político en la Universidad de Sussex. Participa desde hace años en diversos movimientos sociales. Es miembro del Club de Lectura “Petra Kelly” y co-coordinador del Área de Cultura Ecológica de EcoPolítica.
[3] Esta cultura de las mujeres no debe ser entendida como la cultura que biológicamente portan las mujeres, o que forma parte de la esencia de aquello que es la mujer, lo femenino, etc.  Por el contrario, se refiere a una serie de prácticas, valores y saberes que han pertenecido históricamente a las mujeres, y que dado el grado de subordinación de éstas, se ha contrapuesto a una cultura dominante que desde el feminismo toma el nombre de patriarcado. Sin embargo, también podríamos hablar, en otros contextos, de  culturas diferentes a las de las mujeres y que sin embargo son coincidentes con ella. Podríamos así hablar de las culturas indígenas,  de los valores pacifistas o incluso de los valores ecologistas. Todas estos saberes comparten la idea de sostenibilidad de la vida, y normalmente se construyen en oposición a una dominación, sea ésta el patriarcado, el capitalismo, el imperialismo, la cultura de la guerra o el productivismo.

 

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